Si las encuestas se cumplen, AMLO será presidente

2018-06-29 | Feliciano J. Espriella | Columna
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OLOR A DINERO

Por: Feliciano J. Espriella

Por fin llegó al final del más controvertido proceso electoral en el último siglo. El próximo domingo los mexicanos elegiremos a quien conducirá los destinos del país en los próximos seis años.

Si se cumple lo que pronostican absolutamente todas las encuestas, el próximo 1 de diciembre Andrés Manuel López Obrador será ungido con la banda presidencial. Un sueño largamente anhelado no sólo por él, sino también por millones de mexicanos que cifran en él sus esperanzas de llegar a vivir en un mejor país.

Ojalá no estén equivocados y suceda lo que ya se vivió en el año 2000 con el arribo de Vicente Fox a la Presidencia de la República. Las varias encuestas que se publicaron el pasado miércoles confirmaron que las preferencias del voto a favor de López Obrador son apabullantes.

Después de muchos años de recorrer en varias ocasiones todos los municipios del país, en unas horas llegará a su fin el esfuerzo de Andrés Manuel López Obrador por convertirse en Presidente de México. A cinco días de las elecciones, una vez más aparecía muy arriba en las encuestas. Sus detractores le critican ese tiempo en campaña, pero es ese precisamente su mayor baluarte, el haber estado permanentemente cerca de la gente.

Por otra parte, todavía no queda claro quién ocupa el segundo lugar, amén de que la diferencia entre segundo y tercero es sumamente reducida, lo que implica un empate virtual. En realidad desde el inicio de la precampaña López Obrador se les fue semana tras semana despegando, en tanto Meade y Anaya buscaban a como diera lugar afianzarse en el segundo lugar, lo cual nunca sucedió.

En este escenario, será imposible que pueda haber una corriente fuerte que favorezca a algunos de los abajeños. Me parece que el llamado voto útil no tendrá un destino definido.

¿Voto anti sistémico o errores partidistas?

Se ha manoseado mucho el tema del voto antisistema para explicar el virtual triunfo de AMLO, quién, dicen, fue el único que pudo capitalizar el hartazgo de la población ante los graves problemas de inseguridad y corrupción que asuelan el país.

Me parece que hay algo de razón en este argumento, pero existen otros motivos con tanto o más peso que explican la al parecer cómoda victoria a la que se encamina el ex jefe de gobierno del DF, tales como la designación de candidatos y las campañas políticas que oscilaron entre malas y pésimas.

Si nos remitimos a las preferencias electorales que prevalecían hace un año, la ventaja de AMLO si es que la había, era de unos cuantos puntos. De hecho, en algunas Margarita Zavala lo superaba, en tanto que en las filas del PRI el ex secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong era el mejor posicionado y si acaso estaba unos diez puntos abajo del puntero.

Todos sabemos lo que sucedió, Anaya se impuso prácticamente a la mala y a Osorio Chong su partido le hizo el feo. En lo personal tengo la impresión de que tanto Margarita como Osorio hubieran dado una mejor pelea.

AMLO el único que hizo campaña

Y en cuanto a las campañas, el único que realmente hizo una campaña política efectiva fue López Obrador. Semana tras semana impuso tema, incluyendo algunos absurdos. Fue el único que presentó un programa de trabajo completo y no se dedicó sólo a denostar a sus opositores; fue el único que presentó a los hombres y mujeres con los que gobernaría e caso de ser electo y fue también el único que recorrió nuevamente todo el país.

De hecho, AMLO recorrió en los tres meses de campaña más poblaciones del país que todos los demás juntos.

José Antonio Meade fue severamente afectado por el desprestigio que a nivel nacional tiene el Revolucionario Institucional, pues a pesar de que fue designado precisamente por no ser miembro del partido, su primera acción como precandidato fue pedirle a la nomenclatura que lo hicieran suyo, con lo que neutralizó el posible efecto positivo de ser apartidista.

Aunque al final mejoró y mucho, sus primeras intervenciones en público fueron deplorables y su actuación en el primer debate funesta.

En cuanto a Anaya, se la pasó prácticamente dando tumbos. Como dice la canción, daba un paso para adelante y otros cuantos para atrás. Como el brillante orador y polemista que es, sus primeras apariciones en campaña fueron excelentes, como excelente fue su desempeño en el primer debate, el cual la granjeó un fuerte incremento en las preferencias electorales de todas las encuestas posteriores. Pero luego se apagó

Sin embargo, al igual que a Meade, su estrategia de campaña fue la de atacar a López Obrador un día sí y el otro también, a pesar de que desde las primeras semanas se hizo evidente que esta vez la guerra sucia no iba a surtir efectos para tumbar al tabasqueño de las preferencias electorales.

En fin, no todo está dicho. Falta el veredicto final el próximo domingo.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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© Reuters / Henry Romero