El costo de gobernar mintiendo
LA MENTIRA SISTEMÁTICA a diferencia de una "mentira piadosa" o de un engaño aislado para salir de un apuro, es una estrategia estructurada, constante y deliberada para distorsionar la realidad. Es un método para construir un relato alternativo.
No se miente para tapar un error del momento; se miente desde el principio para moldear la percepción de los demás y como contradice la realidad, se necesitan crear diez mentiras más para sostener la primera. Con el tiempo, se convierte en una red de falsedades interconectadas.
Como dicta la propaganda política: "Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad". El cerebro humano tiende a asociar la familiaridad con la veracidad. Si lo escuchas en todos lados, asumes que "algo de cierto debe tener".
Con una saturación constante y a gran velocidad la audiencia queda abrumada, sin energía para verificarlo todo por lo que la gente se cansa y deja de buscar la verdad que suele ser compleja, aburrida e incómoda a diferencia de la mentira sistemática diseñada para ser atractiva, simple y apelar al miedo, orgullo o resentimiento.
Cuando todos los días nos exponen a mentiras, no es que la gente se vuelva tonta, sino que pierden la capacidad de confiar en sus propios criterios. Lo peligroso de tantas falsedades, no es que tú te creas las mentiras, sino en que dejes de creer en la existencia de la verdad.
Cuando ya no crees en nada ni en nadie, te vuelves apático, cínico y profundamente manipulable. Es el triunfo del escepticismo radical. Es un mecanismo de control efectivo pero destructivo, porque una vez que se rompe el tejido de la confianza mutua, reconstruirlo lleva generaciones.
La petición de pruebas y pruebas por parte de la presidenta Sheinbaum y elevar a calidad de información reservada a cinco años el tema relacionado a Rocha e Insunza quesque “por razones de seguridad nacional y política exterior” encuadra en la conformación del ecosistema político de una mentira sistemática.
Busca Sheinbaum ganar tiempo y enfriar el escándalo para diluir el costo político. Es de las que creen que llegaron para quedarse para siempre porque "el pueblo los ama". Olvidan que el electorado mexicano es, por antonomasia, un electorado de castigo. Y ya son más los medios que publican que su popularidad cayó abajo del 50%.
México es un país con largos períodos de silencio. En el 2000 sacó al PRI de Los Pinos tras 71 años, luego al PAN que en doce años no supo gobernar y le volvió a dar la oportunidad al PRI que siguió con su mismo oscuro sistema y en el 2018 apoyó a Morena cuyos gobernantes, además de mostrar su inutilidad se basan en la mentira para sostenerse, que, al tener patas cortas no llegarán lejos.
Un gobierno sin contrapesos, maniatado en su transparencia, desacreditado en la prensa, apoderado de los poderes, ignorando la realidad no desaparece la presión social, solo la acumula bajo la tierra y más ahora que el distractor del mundial de futbol se alejó.
El gran peligro de gobernar a través de una realidad alternativa es que, tarde o temprano, la realidad verdadera choca contra la narrativa a una velocidad que impactará de forma brusca, con despecho y furia que destruirá lo que hay sin importar lo que venga después. Ya lo vivimos cuando el estómago nos hizo quitarle el poder al PRI y fuimos presa fácil del mesías tropical.
La historia de México demuestra que ningún cheque en blanco dura para siempre. El PAN tuvo 12 años, el PRI tuvo su segunda oportunidad de 6, y la 4T está gastando su propio capital político. Cuando la mentira sistemática y el ocultamiento se vuelven la norma para tapar las fallas del presente, el péndulo simplemente se empieza a mover hacia el otro lado.
La gran pregunta que queda en el aire, y que asusta a muchos, es: cuando este ciclo de hartazgo explote, ¿hacia dónde va a dar el siguiente volantazo el país?
No hay muchas opciones. Tras la decepción de la izquierda institucionalizada un votante enfurecido no buscará regresar al centro moderado (PRI o PAN), sino que, herido, buscará quien se la pague. Lo obvio será un liderazgo de mano dura, disruptivo, casi tirano plenipotenciario, sin importar que nos quite libertades individuales a cambio de una supuesta seguridad o limpieza económica.
Cuando la gente se cansa de los políticos profesionales, abre la puerta a perfiles que no tienen ninguna experiencia gobernando, pero que son expertos en canalizar la rabia. Será alguien que venga del mundo empresarial radical, del espectáculo, o de las redes sociales pues el electorado ya no piensa en quien va a gobernar mejor sino en aquel que pueda destruir todo lo que me hizo daño.
Por eso es tan peligrosa la mentira sistemática al estilo 4T al empezar a pesar más que las mañaneras la desconexión que se rompe no solo por el cobijo de Rocha e Insunza sino por los efectos de desabasto, violencia, impunidad o el deterioro de la vida cotidiana.
Hay un régimen que nos falta por probar en su totalidad que suena a película, pero es factible como lo es hoy en algunos estados: El cogobierno abierto con los cárteles. Una realidad donde la política formal sea solo una fachada decorativa mientras que el verdadero control social, económico y de justicia lo ejerzan poderes fácticos armados. A eso nos están llevando.
Nos han dicho que no pasa nada, que no hay pruebas, que todo va muy bien, que no se preocupen, y nos vamos a asustar cuando al despertar veamos que el dinosaurio sigue allí. Cuando votemos por despecho y elijamos al verdugo más grande que tengamos a la mano empujaremos al país al precipicio que hoy está en la orillita.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
Correo electrónico:
archivoconfidencial@hotmail.com
https://www.facebook.com/armando.vazquez.3304

