El balón no tapó el dolor
EN CASI dos minutos, la madre buscadora Vicky Ponce rompió con los protocolos mediáticos festivos tanto de la FIFA como del gobierno de la 4T. La señora que busca a su hijo Óscar Adán Flores Ponce —desaparecido a los 23 años en Jalisco—, se desgajó. Pidió a los policías que dejaran pasar al contingente integrado también por afectadas de Sonora, Veracruz y Guanajuato. Lo que ocurrió este jueves en la Calzada de Tlalpan enchina la piel. Se hincó, suplicó y lloró ante la impotencia y el dolor profundo que le rompe por dentro.
En internet se puede checar la repercusión del suceso pues fue una gran cantidad de periodistas quienes cubrieron presencialmente el evento en la calle este jueves minutos antes del silbatazo inicial. La noticia dio la vuelta al mundo al ser enviada de manera directa, sin interrupciones y de forma inmediata al ser una sacudida que desarmó por igual a reporteros, fotógrafos y editores.
La grabación de la periodista Laura Brugés reveló al policía que recibía la súplica en primera línea que comenzó a parpadear con fuerza, a morderse los labios y a desviar la mirada. Bajo el casco de la autoridad, el ser humano se estaba quebrando de verdad. Las palabras de Vicky Ponce (“ustedes tienen hijos... un día van a necesitar de las madres buscadoras”) perforaron la disciplina militar pues son elementos que conocen la amargura de la violencia a diario. https://n9.cl/3vy5v4
No era para menos que la información recorriera rápidamente las salas de redacción. Tan dados que somos quienes nos dedicamos a esto de poseer un blindaje invisible, pues hay que ser insensibles hasta cierto punto, conformando una coraza construida a base de cinismo profesional que nos permite procesar la tragedia, injusticia y la sangre sin que se nos quiebre el pulso sobre el teclado, ese instante de verdad cruda y drama humano pulverizó cualquier armadura.
Los medios de todo tipo y tamaño, sobre todo las poderosas cadenas de televisión cubrieron con doble equipo el mundial, uno instalado dentro del estadio y otro fuera, checando los movimientos sociales. El conglomerado de las madres buscadoras llevaba una lona con el slogan del gobierno capitalino: “La pelota vuelve a casa...” y ellas remataron la frase: “¿Y tú cuándo?”.
“Soy una madre destrozada, como todos mis compañeros, déjenos pasar… queremos de regreso a nuestros hijos”…
Al ser información que llegó hondo, reunió todos los requisitos de amplía visualización: el llanto de una madre con playera blanca, hincada y llorando ante policías en una marcha, la foto de un hijo en el pecho, un tema alejado de ideologías e intereses personales, sin piedras ni consignas partidistas, congoja que aprieta el estómago y apachurra el corazón, la empatía por el sufrimiento vivido por ellas. Una nota única entre el jolgorio futbolero.
“Tengan compasión, déjennos entrar... Estas manos han sacado debajo de la tierra lo que ustedes no se imaginan. No es justo que mientras ustedes están aquí cuidando un partido, estén desapareciendo más personas afuera”.
El estadio Azteca lució imponente, se desplegaron miles de millones de pesos, se utilizó a miles de policías para amurallarlo ante el acecho de la CNTE, utilizaron los hacedores de la estrategia de seguridad el manual básico de contención de conflictos, pero nunca previeron en sus cuartos de guerra, ciegos a todo aquello que no se pueda cuantificar o comprar, que la liebre les saltaría por el lado de la legitimidad moral de madres que buscan a sus chamacos y que al día de hoy suman más de 134 mil conforme a datos no oficiales. Gobierno dice que son 40 mil.
La ONU y Amnistía Internacional editan anualmente densos PDF con gráficas y metodologías, pero la burocracia del dolor tiende a normalizar las cifras. Vicky Ponce pulverizó la estadística y la convirtió en un rostro con lágrimas, obligando a millones de espectadores en todo el mundo a plantearse la gran pregunta de apertura: ¿Qué está pasando realmente en México?
Para colmo de la soberbia organizativa, el debut del seleccionado azteca quedó secuestrado detrás de plataformas de streaming y suscripciones premium por factores económicos que no permitió que el pueblo bueno y sabio pudiera tener acceso al partido. El ciudadano de a pie, que tolera el caos, aporta sus impuestos para pagar el blindaje policial y sufre el colapso de su ciudad, se topó con que el partido inaugural no fue transmitido en televisión abierta ni mediante un pinchi link.
Al restringir el acceso democrático al juego, el gobierno perdió su distractor más potente; se diluyó la catarsis colectiva que suele anestesiar el descontento social. El triunfo deportivo nació huérfano de arraigo popular, dejando el terreno plano para que la opinión pública asimilara con mayor empatía y resentimiento el reclamo de Tlalpan. El juego fue para unos cuantos; la dignidad y el dolor de esa madre fueron para todos.
La estrategia de contención gubernamental para las próximas horas ya es predecible: inundar el ecosistema digital con notas ad hoc al mundial —estadísticas, color, derrama económica y festejos— para arrinconar la tragedia en las páginas interiores y asfixiar el algoritmo.
Las portadas de la prensa corporativa abrirán a ocho columnas con la fotografía del gol, ocultando el llanto sobre el asfalto. Sin embargo, en el periodismo de fondo sabemos que el tiro ya salió del cañón. Ninguna campaña de relaciones públicas podrá borrar la estampa de esa madre de rodillas frente a los escudos. Al cerrarle la pantalla al pueblo y encender los reflectores del mundo, el poder cometió un error de cálculo histórico: pretendieron inaugurar una fiesta y terminaron internacionalizando una herida.
Ah, México ganó dos a cero.
EN FIN, por hoy es todo, el lunes le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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