Pues no hubo fonazo…

2025-04-03 | Armando Vásquez A. | Columna Archivo Confidencial
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EN SU LIBRO publicado en 1951, “Los orígenes del totalitarismo”, Hannah Arendt (judía alemana 1906-1975), describe cómo estos sistemas políticos surgieron en el contexto del colapso de las estructuras sociales tradicionales y explora varios elementos claves que le caracterizan.

En este enfoque caben tanto el actuar de López Obrador como el de Donald Trump, tanto el de antes como el de ahora.

En su análisis del papel de las masas Arendt destaca el descontento combinado con la alienación (el retraerse emocionalmente conformando una diferenciación en la población: los liberales y conservadores con Amlo) y el aislamiento social o sentirse sin pertenencia incluyendo en el ámbito familiar, que es aprovechado por los líderes totalitarios para consolidar el poder.

Utilizan la propaganda y la mentira sistemática destruyendo la distinción entre verdad y falsedad para desorientar y manipular a las masas. La autora estableció:

“Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que quieras.”

En este tenor durante su período sexenal, López Obrador dijo entre 120 mil y 130 mil "falsedades" que SPIN califica en cuatro categorías: afirmaciones sin sustento, promesas incumplidas, datos imprecisos y evasivas. Trump, en sus cuatro años de gobierno contabilizó más de 30 mil.

Este tipo de regímenes utiliza el terror como herramienta política de represión para mantener la obediencia, neutralizar la resistencia y cualquier forma de oposición, hasta la individual generando un clima de miedo constante donde las personas se ven incapaces de organizarse.

Para este fin en México durante el sexenio obradorista se preponderó a los narcos como una herramienta que limitó –y limita--, sobre todo el ingreso a los procesos electorales. En el caso del Trump de hoy utiliza los aranceles para cumplir con este sistema.

Primeramente, se busca neutralizar la resistencia, Trump en tres meses mantiene en zozobra al mundo aun y cuando ya estableció ayer el cobro de aranceles recíprocos y dejó en vilo a México y Canadá al no incluirlos en la lista lo que inculca un miedo cercano.

¿Qué va a pasar con México?, pues ya buscó el cobijo y asociación con Canadá en una fase primaria. Sin embargo, una constante es la actitud trumpista días antes de establecer una postura definitiva: así en febrero aumentó aranceles al aluminio y acero y en este mes, a las partes de los autos que no se hayan generado en EU justo antes de establecer su política arancelaria para México. Es lo que causa escozor.

Quedan pendientes el resto de los productos mexicanos y canadienses aunque ya se estableció que el T-Mec será desintegrado por Trump lo cual es la espada de Dámocles cuyo tratamiento, al parecer, dará a conocer hoy Sheinbaum en su mañanera.

En segundo término, los regímenes totalitarios buscan a través de esta política del terror generar la deshumanización pues no ven a los individuos como ciudadanos con derechos y dignidad, sino como engranajes reemplazables de un sistema ideológico. El terror elimina la individualidad, reduciendo a las personas a seres despojados de voluntad. En el caso de México es posible observarlo con la minimización sobre todo de la clase media y en EU con el trato que reciben los inmigrantes.

En tercero, se busca el control psicológico pues el terror va más allá de la violencia física –los narcos matando madres buscadoras--, para controlar el comportamiento de las masas generando un estado de incertidumbre y desconfianza entre las personas, fracturando los lazos sociales y aislando a los individuos.

En cuarto, los totalitarios buscan legalizar el terror que no se oculta, sino que se institucionaliza a través de leyes y sistemas judiciales que se moldean para justificar el uso de la violencia contra aquellos que se perciben como enemigos del régimen en los cuales, en el caso de EU, las persecuciones contra los ilegales suben en espiral y en México sobresale la reforma al poder judicial.

Y, por último, pero no menos importante, el terror se emplea para imponer una ideología totalitaria que redefine la realidad. Se utiliza no solo para eliminar físicamente a los opositores, sino también para manipular la verdad y perpetuar la visión única del régimen que llamamos populista, sea de izquierda o de derecha.

Tanto Trump como Sheinbaum –en el caso de la mexicana, con el populismo heredado--, tienen visiones dispares de visión ideológica, pero ambos cuentan con un legislativo mayoritario, una formación contraria –derecha vs izquierda--, pero tienen muy claro que buscan el totalitarismo para cumplir con sus objetivos.

Hay una desventaja para México, si pudiera infundirle terror a Estados Unidos sería su principal arma lo cual es todo un sueño al depender la economía mexicana del 80 por ciento de las exportaciones y EU, de México, el 15 por ciento. Trump tiene el sartén por el mango y lo sabe usar por ello será importante si hoy en su mañanera Sheinbaum establece una acción contestataria, de sometimiento o bien, de complicidad (de esperar, más cabeza fría) que les permita a ambos seguir con sus estilos de mandatos lo que se me hace difícil.

Trump se siente iluminado por Dios, según lo ha dicho y refuerza que por algo sobrevivió al atentado que le pegó en la oreja y todo indica que Dios busca un reacomodo mundial en los valores que pregona y que chocan con los de Sheinbaum cuya lista de peticiones de acción dictadas por los gringos aun no terminan.

Eso sí, ahora y a diferencia de otras ocasiones, Sheinbaum no le marcó por teléfono a Trump como era su costumbre, (ni para agradecerle su impasse), pero habló con el ministro canadiense lo cual se verá en el cortísimo tiempo si fue una estrategia acertada.

En este contexto se avecina un fuera máscaras y la contextualización del pensamiento de Trump que buscará imponerse al de Sheinbaum que como ya hemos visto, aplica con sus diferentes decisiones y acciones.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…                                                                                                                                                                                                                                  

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