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El incontrolable Junior

2026-08-11 | Armando Vásquez A. | Sección:

NO TENÍA ANDY LÓPEZ Beltrán ninguna necesidad ni de aparecer en público mediáticamente, hacer campaña abierta por una supuesta diputación federal y mucho menos ir casa por casa a pedir el apoyo, a menos que quisiera enviar una serie de mensajes para distintos destinatarios.

Más allá de los protagonismos propios de un junior, parece que, tras su salida de la Secretaría de Organización, los liderazgos de Morena quisieron hacer borrón y cuenta nueva olvidando que los compromisos hechos por Andy ante los representantes del voto corporativo y estructuras territoriales ya existentes, fueron de carácter personal llevando la representación de su papá para cumplirlos.

Se ha convertido en un factor disruptivo que incomoda, fractura y desafía las reglas frías de la disciplina institucional llevando la contra a la presidenta Sheinbaum quien navega a contracorriente intentando consolidar un ejercicio de gobierno sustentado en la jerarquía del Estado, los organigramas formales y la tecnocracia de gabinete, la huella operativa del heredero político más pesado del obradorismo opera bajo otra lógica: la del control territorial orgánico y la lealtad de dinastía.

La franja que conecta a los gigantes demográficos del centro del país —el Estado de México, la Ciudad de México, Puebla, Veracruz e Hidalgo— sumada a los bastiones fundacionales como Tabasco, Chiapas y Guerrero, concentra cerca de 130 de los 300 distritos federales de mayoría en disputa.

Haber metido mano, impuesto cuotas o alterado el fiel de la balanza en las planillas y dirigencias regionales de esta columna vertebral es un terremoto silencioso. Al sembrar sus propios operadores en el corazón demográfico de México, Andy creó una red que responde a él, dejando a la estructura formal de Morena con la difícil tarea de administrar un territorio donde las lealtades tienen nombre y apellido, y no necesariamente el de la dirigencia nacional. ¿O creían que se iba a quedar quieto?

Frente a este protagonismo incontrolable del junior, el margen de maniobra de la presidenta Claudia Sheinbaum se reduce considerablemente. Enfrenta el dilema histórico de gobernar con la legitimidad de las urnas, pero con las manos atadas por los compromisos personales que se tejieron en las sombras de la Secretaría de Organización.

Intentar una purga o un choque frontal contra el aparato de lealtades heredadas a mitad del camino es una decisión difícil por ello, la presidencia ha optado por patear el bote en la medida de lo posible, pero a sabiendas de que puede haber un costo colateral que no podrá controlar.

Morena se encuentra atrapada en su propia contradicción. Aspira a proyectarse como un partido de Estado moderno y disciplinado bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum, pero sigue atado a las cadenas del patrimonialismo político.

Andy se convirtió en el elefante en la sala de Sheinbaum quien no encuentra la cuadratura al círculo para que la tensa calma que vive el partido hoy –pues para finales de agosto se definirán las coordinaciones estatales de la 4T y por ende las candidaturas--, no se vaya por donde no debe peligrando en automático algunas de las alianzas hechas por la presidenta, pero en las que no se tomó en cuenta a Andy y sus compromisos incluso con los gobernadores salientes.

Esta disyuntiva que quieren minimizar coloca a quienes manejan Morena en dos incomodidades pues por un lado no pueden controlar que el efecto Andy germine en otros estados y personajes que seguirían el ejemplo que él diseñó y por el otro, los dueños de votos masivos como los maestros del SNTE, ahora se vendan más caro exigiendo más posiciones según supuestos acuerdos o complicidades logradas ante el junior.

Las candidaturas no le van a alcanzar al partido en el poder para cumplir con las expectativas generadas por López Beltrán en su afán de llenar con millones de elementos nuevos a Morena y menos si lo sacan de la jugada como todo indica que quieren hacer.

Los operadores del corporativismo sindical y las estructuras fácticas saben perfectamente que el papel firmado por el heredero vale más que cualquier acuerdo de comités formales; por ello, ante la inminente definición de las planillas, el chantaje político se intensifica. No se trata de una simple disputa por cuotas partidistas, sino de un choque de legitimidades donde el partido corre el riesgo de convertirse en rehén de una red de promesas que superan por completo el presupuesto político de la actual dirigencia nacional.

Mientras tanto, en Palacio Nacional la espiral sigue girando y causando fisuras internas con repercusiones en las urnas y recordándoles a la cúpula que no pueden aislarlo y reforzando que las lealtades a los López más famosos no se desactivan por decreto ni se limpian con borradores partidistas.

El fenómeno de "Andy, el incontrolable" demuestra que las dinastías no se subordinan a las estructuras republicanas. Cuando el centro de gravedad de un partido depende de quién controla las llaves de la maquinaria en el corazón demográfico del país, y cuando los compromisos con esa maquinaria fueron pactados a título personal, cualquier exceso termina siendo una factura que el gobierno no puede pagar.

El ruido ya está adentro; falta ver quién se atreve a apagar el fuego antes de que la casa se desmorone bajo el peso de las promesas que no le pertenecen al partido. ¿O pensaron en serio que a unos días de definiciones el junior se quedaría con los brazos cruzados?

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…                                                                                                                                                                                                                                  

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