El peligroso desdén de Sheinbaum
ME DA CISCA escuchar la frase de la presidenta Sheinbaum: “Tenemos tratado comercial por los próximos diez años”. Lo dice desdeñando el asunto, con esa parsimonia del “no pasa nada”, tan campante que nos orilla a pensar que debió, en cambio, hacer un llamado urgente a los sectores para asegurarles que los modelos de productividad mexicanos tienen que cambiar radicalmente.
En pocas palabras, el T-MEC sirve para otorgar el paso libre y rápido de mercancías en las aduanas gringas. Visualice lo siguiente: la guerra de Trump contra el fentanilo y los inmigrantes, sustentada en la legalidad del cuidado de la seguridad nacional, sirvió como un botoncito de muestra de lo que puede ocurrir si deciden volver lentas las revisiones aduanales. Ya ocurrió en el paso hacia Texas, donde la vigilancia se volvió extrema y la fila de camiones con productos mexicanos fue de kilómetros, provocando pérdidas multimillonarias por hora para los exportadores de este lado.
Estados Unidos midió nuestra capacidad de resistencia sin necesidad de violentar el tratado comercial. Y, aun así, el gobierno mexicano se cerró en solicitar pruebas y más pruebas en asuntos espinosos de seguridad —como el caso de Rocha Moya—, de tal forma que las amonestaciones de Trump obedecen a una consecuencia lógica aplicada sin piedad ni consideración alguna.
Debemos entender dos connotaciones importantes para desenredar este entramado en el cual dice Sheinbaum que Estados Unidos nos necesita como socios comerciales –sí y no—, y de allí su desdén sin desglosar los puntos finos.
La nación más poderosa del mundo requiere dos tipos de productos. Los considerados críticos que pueden alterar su propia vida productiva y de consumo interno, y los podemos desglosar en tres ejes principales:
1.- Automotriz: México no solo exporta carros terminados sino también los bloques de motor, transmisiones, sistemas de frenado avanzado y arneses eléctricos completos. Durante décadas, la entrega “justo a tiempo” ha permitido a las armadoras de allá operar sin costosos almacenes que las sacarían del mercado; una falla en esta proveeduría les obligaría a parar operaciones en menos de 24 horas con un costo altísimo y obreros suspendidos sin goce de sueldo, lo cual incidiría directo en el voto.
2.- Médico: En Baja California y Chihuahua se encuentran los principales proveedores de dispositivos médicos para los hospitales de EU. Exportamos desde catéteres, marcapasos y válvulas cardíacas, hasta equipos de rayos X, jeringas esterilizadas e instrumentos quirúrgicos. Frenar esos insumos es desabastecer los quirófanos y salas de urgencia de Texas, Arizona o California. Ningún presidente se arriesgaría a una crisis sanitaria por un conflicto aduanal.
3.-Agroalimentario y Cárnico: Durante la época de invierno en EU se paraliza su sector agrícola y México cubre más del 60% del consumo de vegetales frescos de su población. También coloque en esta balanza los productos cárnicos, sobre todo los becerros de engorda para sus hamburguesas. Si Washington frena los camiones de hortalizas argumentando revisiones por fentanilo, en 48 horas los supermercados de Nueva York o Chicago verían anaqueles vacíos y los precios de la comida se dispararían. La inflación en los alimentos resta votos. Estos productos no tendrán problema para pasar por sus aduanas.
Por el contrario, los productos no críticos son aquellos que no influyen en una posible desestabilización económica norteamericana. Tenemos el sector agropecuario de lujo (cerveza, tequila y mezcal), el acero y aluminio de construcción, y la manufactura ligera y textil (ropa, calzado, muebles, artículos de papelería, juguetes, artículos deportivos y envases de plástico), además de aparatos electrodomésticos y de línea blanca (pantallas LED, refrigeradores, lavadoras, computadoras, servidores y equipos de red básicos). Si México no los surte, al no ser esenciales, pueden conseguirlos de otras partes. Son los que van a sufrir y los que significarán para nuestro país miles de millones de dólares menos y, en cascada, miles de empleos perdidos.
Ahora veámoslo al revés. Los productos críticos para México que le compramos a ellos son el gas natural (adquirimos un 70% del que se usa en el país) y combustibles refinados como la gasolina; asimismo, el maíz amarillo (18 millones de toneladas anuales para alimento de pollos, cerdos y vacas), la soya y granos básicos como el trigo para el pan. Además, se importa el 76% de los llamados "bienes intermedios" (microchips especializados, resinas plásticas, químicos industriales y partes mecánicas). De faltar esto, se desestabilizaría en días la economía mexicana. Entre los no críticos de allá para acá, coloque los autos de alta gama, los productos de belleza, perfumería y cuidado personal de marcas gringas, así como las bebidas espirituosas (whisky, bourbon y vinos de California).
Hay dos diferencias notables en la balanza. Las exportaciones mexicanas al mercado norteamericano son por el orden de los 535 mil mdd al año (un 15.7% de todo lo que compran del exterior) mientras que México les compra 338 mil mdd. De este mercado concentramos nuestra famosa dependencia exportadora del 80% y, en este juego, salimos ganando en el papel con un superávit comercial de 197 mil mdd. Para que se dé una idea, hablamos del 10.7% del PIB mexicano según las cifras macroeconómicas del cierre de 2025.
El gran peligro es que, de reducirse la injerencia china en los productos fabricados en México como quiere Trump, perderíamos el liderazgo rápidamente en la fabricación de pantallas de televisión, monitores y circuitos impresos cuyos microchips se importan masivamente de China. Lo mismo ocurriría con las computadoras, servidores y equipos de conectividad que sostienen el internet y las nubes de las empresas estadounidenses, cuya arquitectura interna depende por completo de las tarjetas de circuito integrado, resistencias y semiconductores chinos.
También peligran las autopartes eléctricas y componentes para carros eléctricos e híbridos: las baterías de litio, ánodos, cátodos, motores eléctricos de imanes permanentes y los sistemas de gestión de energía para los nuevos vehículos tienen patentes, inversiones y minerales procesados controlados casi al 100% por empresas chinas. Lo mismo va para los refrigeradores y lavadoras cuyos accesorios asiáticos son más baratos que sus similares gringos; de prohibirse su uso, México quedaría fuera en automático de la competencia de mercado.
Entonces, de cara a la realidad de las aduanas y la proveeduría global, ¿debemos de verdad festinar junto con la presidenta que tenemos “tratado comercial por los próximos diez años”?
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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