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El Derecho a volver a casa

2026-02-16 | Armando Vásquez A. | Sección:

FUERON MÁS DE DOS MIL las personas que participamos en la marcha del sábado que partió de las oficinas de la Asociación de Ingenieros de Minas, Metalurgistas y Geólogos de México (AIMMGM) hasta la Catedral Metropolitana. El contingente avanzó con una rapidez casi instintiva.

El minero camina rápido, me dijo Saulo, el mayor de mis hijos, es parte de su formación entre rocas –no les gusta que les llamen piedras--, cerros, caminos accidentados, por eso llegaron pronto, casi una hora antes del inicio de la misa fijada a la una de la tarde. No hubo prisas por llegar, sino un ritmo marcado por la costumbre del oficio. Se recorrieron poco más de cuatro kilómetros y medio.

No hubo consignas bulliciosas, ni megáfonos; solo un reclamo repetido en voz baja, pero firme: “Tenemos derecho a regresar a casa”.

Esa frase no es poesía ni retórica. Es una demanda de dignidad laboral en un país donde salir a trabajar ya no garantiza volver vivo. Los mineros desaparecidos en Concordia, Sinaloa, siete de ellos eran de Hermosillo lo que explica por qué la marcha local tuvo tanta fuerza emocional.

Estudiantes de ingeniería minera de la Unison, UES, familiares con moños negros, compañeros con chalecos y cascos de diferentes colores –conforme a jerarquías y áreas de trabajo--, y ciudadanos solidarios caminamos juntos.

Se les compuso un corrido con inteligencia artificial que se tocó a buen volumen en el kiosco de la plaza Zaragoza durante la espera a que tocarán las campanas llamando a misa. Una y otra vez. Fue lo más estridente de la marcha.

En la catedral, el padre Martín Hernández Moreno ofició una oración por el descanso eterno de los fallecidos y por la pronta localización de los que aún faltan. El ambiente fue de duelo y rabia contenida contra la impunidad, las omisiones de seguridad en zonas mineras controladas por el crimen organizado, y una dolorosa realidad donde la extorsión y la violencia se han normalizado.

La marcha no fue aislada. Se replicó en al menos seis estados —Chihuahua, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Guanajuato y otros— bajo el lema nacional “Los mineros estamos de luto”.

La AIMMGM, organizadora principal, lo dejó claro en su convocatoria: “El crimen no puede quedar impune. Los mineros merecen seguridad y regresar con vida a sus hogares”. No piden privilegios; piden lo básico: el derecho humano elemental de volver a casa después de una jornada de trabajo.

El sector minero representa alrededor del 2.5% del PIB nacional y genera miles de empleos en regiones remotas. Pero opera en territorios donde el Estado llega tarde o no llega. En Concordia, zona en disputa entre facciones del crimen organizado, las amenazas previas a la empresa eran conocidas, según testimonios de familiares y compañeros.

La versión oficial inicial habló de “confusión” por parte de los captores (incluso se mencionó que los confundieron con rivales), pero para los mineros y sus familias eso no cambia el resultado: cinco cuerpos en una fosa, cinco ausentes y un gremio entero de luto.

Mientras las campanas de la Catedral repicaban por los ausentes, la marcha recordó una verdad brutal: en México, para muchos trabajadores —mineros, jornaleros, transportistas, periodistas— el “derecho a regresar a casa” se ha convertido en una utopía. No debería ser una consigna de protesta; debería ser un hecho garantizado por el Estado.

¿Cuántos duelos más, cuántas marchas silenciosas más, cuántos rostros en playeras blancas necesita el país para obligar a las autoridades a actuar de verdad? Porque mientras no haya seguridad real en las zonas mineras, el grito de Hermosillo seguirá resonando: “Tenemos derecho a regresar a casa”. Y no es mucho pedir. Es lo mínimo que cualquier familia espera cuando despide a un ser querido rumbo al trabajo.

Durante el fin de semana hubo más misas, recordatorio de la religiosidad propia del sector. Se recordó a los desaparecidos, se reconfortó a las familias dolidas pero el ceño fruncido de los deudos, familiares, amigos y colegas de los mineros sigue así.

Hubo empresas mineras, como la de Mulatos, https://url-shortener.me/CVAI que en su lugar de trabajo conformaron un grupo de mineros que protestaron allá, en la sierra, haciendo ruido con sus grandes maquinas, exigiendo justicia. Una muestra que seguirá copiándose a lo largo del país.

Lo que extraña es la falta de esquelas. No hay del gobierno, ni de empresas o vaya, de las universidades de donde egresaron estos mineros, no han querido o no han podido expresar el dolor como siempre se ha hecho a través de medios informativos. Parece y sabe a miedo.

Los intereses se entremezclan y las repercusiones son peligrosas. Quizá por eso no se informa con mayor promoción sobre el tema. Los mineros tienen a gobierno de un lado y a los narcos del otro. No hay margen de maniobra y lo único que emerge de la base trabajadora es un sentimiento de desesperanza, rencor y coraje que por algún lado va a explotar. Es cuestión de tiempo.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…                                                                                                                                                                                                                                  

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