“Ni venganza, ni perdón”: Supervivencia
JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ lo advierte con una crudeza necesaria desde el prólogo de 'Ni venganza ni perdón': la polarización no es solo una estrategia electoral, es un veneno que está matando a nuestra sociedad.
Esta sentencia no es gratuita; es el marco de un testimonio donde Julio Scherer Ibarra intenta rescatar los restos de una amistad 'al filo del poder', mientras señala con el dedo a quienes, desde las sombras de Palacio Nacional, alimentaron el fuego del enfrentamiento para desplazar a los leales y entronizar a los radicales. El libro es un acto de defensa.
Scherer escribe bajo la urgencia de quien se sabe 'congelado' por ese iceberg presidencial que no admite matices. Es uno más de tantos que durante décadas apoyaron y convivieron con un AMLO que sabe olvidar muy rápido y no acepta opiniones o críticas en contra. Su relato no es solo una memoria; es una advertencia para los tiempos que vienen.
Al diseccionar el papel de los llamados 'puros' —con Jesús Ramírez Cuevas a la cabeza—, el exconsejero jurídico revela la paradoja más dolorosa del movimiento: que aquellos que se dicen guardianes de la moralidad pública terminaron por ser los arquitectos de las intrigas, las venganzas de la fiscalía y los acuerdos oscuros en los estados.
En esta antesala de lo que Scherer visiona como una era de 'latigazos' judiciales al estilo Trump, el libro funciona como un blindaje preventivo. Scherer se deslinda del pragmatismo que permitió el financiamiento turbio en regiones como Sonora, Sinaloa y Tamaulipas, y lanza un mensaje directo a Claudia Sheinbaum:
El proyecto original fue secuestrado por una 'rispidez' ideológica que prefiere el conflicto al diálogo. Para el autor, el alejamiento de AMLO no fue una cuestión de traición, sino de una simplicidad básica del tabasqueño que se dejó envolver por el veneno de quienes hoy pretenden seguir dictando la narrativa del país. Los años de amistad y familiaridad, López Obrador los mandó al carajo.
En este recuento de daños, Scherer no duda en señalar lo que hoy podemos leer como los grandes errores estratégicos de López Obrador. El primero fue confundir la lealtad con el silencio. Al rodearse de un gabinete que priorizaba el "90% de honestidad" (entendida como obediencia) sobre la capacidad técnica, el exmandatario terminó por asfixiar el análisis crítico dentro de Palacio Nacional.
Esta ceguera voluntaria facilitó que temas como la gestión de la pandemia o la crisis de seguridad fueran tratados con dogmas y no con datos, dejando al país a merced de la improvisación de figuras como López-Gatell.
Otro error táctico fue la entrega del control operativo a los "duros". Al permitir que la narrativa y la agenda fueran dictadas por la radicalidad de la vocería, el presidente dinamitó los puentes con los sectores productivos y judiciales que el propio Scherer había tardado años en construir.
AMLO creyó que su popularidad bastaba para gobernar sin interlocutores, sin darse cuenta de que, al aislar a sus operadores moderados, se quedaba solo con los "intrigantes" que terminaron por ensuciar la sucesión.
A su vez, Scherer reconoce que para consolidar el movimiento se aceptaron "acuerdos —buenos y malos—" en los estados. Al mencionar esto, y situar su salida en 2021 (justo antes de que muchas de esas facturas regionales empezaran a cobrarse), el libro funciona como una declaración de inocencia anticipada.
Su mensaje es: "Yo operé la legalidad de la Constitución, no los acuerdos oscuros que se tejieron en las regiones" (como Sonora, Sinaloa o Tamaulipas), donde el financiamiento paralelo ahora está bajo la lupa de agencias estadounidenses.
El libro revela una frase demoledora que el propio López Obrador le dijo a Scherer en privado: "Cuando yo salga del Gobierno, van a ir contra ti... el poder no perdona. Te van a perseguir, te van a inventar, te van a querer destruir".
Al publicar esto, Scherer establece una narrativa de persecución política antes de que cualquier investigación formal (nacional o de Trump) lo alcance. Si lo investigan, podrá decir que ya se había "profetizado" restándole legitimidad a cualquier acusación futura.
Este es un movimiento táctico: si la administración Trump o las cortes internacionales buscan responsables por la retórica hostil o por operaciones opacas, Scherer ya entregó los nombres de quienes, según él, tenían el verdadero control de la narrativa y la "pureza" del movimiento.
En la tarjeta que Scherer le envió a AMLO el 25 de septiembre de 2024, es muy directo: "Viví el tiempo de los buitres... el régimen actual llega a su fin... me veo en la obligación de limpiar mi nombre".
Este es el "lavado de manos" definitivo. Al apelar a la honra de su padre, Julio Scherer García, busca elevarse por encima de la "mugre" política del sexenio. Sabe que bajo el "yugo Trump", los expedientes de corrupción y vínculos con el crimen organizado serán la moneda de cambio, y él quiere que su expediente diga "interlocutor institucional", no "cómplice de la radicalidad".
Esta deriva nos conduce a las tres paradojas que hoy definen a Morena y que Scherer deja entrever con amargura. La primera es la institucionalidad inexistente: Morena es una maquinaria electoral imbatible, pero un partido vacío; un gigante con pies de barro que no tiene reglas claras, sino la voluntad de un solo hombre.
La segunda es la paradoja de la pureza moral, donde los que más pregonan la ética son señalados por Scherer como los artífices de las peores intrigas y persecuciones políticas. Y finalmente, la paradoja del éxito aislante: entre más estados ganaba el partido más se alejaba la dirigencia de la realidad ciudadana, encerrándose en una burbuja de autoelogio.
Hoy, el tablero ha cambiado, pero las sombras persisten. Claudia Sheinbaum se encuentra en una encrucijada histórica. Aunque Scherer intentó en este libro tender un puente hacia ella, presentándose como el aliado racional que ella necesitará para gobernar con estabilidad, la presidenta parece haber tomado ya una decisión de Estado.
Su reciente descalificación pública hacia Scherer no solo es un cierre de puertas; es la confirmación de que, al menos por ahora, el ala radical ha logrado imponer su cerco. Sheinbaum ha fijado postura: en el contexto actual, la "pureza" del grupo dominante pesa más que la memoria de las viejas alianzas.
Así pues, el libro de Scherer Ibarra se lee más como un expediente de auto-exoneración que como una simple memoria de amistad. En un momento donde el gobierno de Trump amenaza con desempolvar expedientes sobre financiamientos turbios y acuerdos regionales inconfesables, Scherer utiliza su pluma para sacudirse el polvo del camino.
Al revelar la advertencia del propio AMLO sobre la persecución que vendría, Scherer no solo se victimiza; se blinda. Su mensaje es claro: él fue el 'hermano' (como también lo calificó López Obrador), que intentó dar orden legal a un régimen que terminó seducido por el veneno de sus 'puros'. Si el destino alcanza a los protagonistas de la 4T, Scherer ya dejó por escrito que él ya no estaba en la mesa cuando se sirvieron los platos más amargos.
Alea jacta est (la suerte está echada) Vae victis (Ay de los vencidos).
EN FIN, POR hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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