Sustituirán PT y PVEM por CSP y PES
LA REFORMA ELECTORAL DE SHEINBAUM, más que una simple medida de austeridad, es una operación de ingeniería política para el recambio de partidos satélites. El PVEM y el PT han pasado de ser aliados estratégicos a ser considerados "lastre burocrático" por su alto costo y su historial de chantajes legislativos.
Fuera del diseño quirúrgico para redirigir la operatividad del INE, desaparición de cien pluris, incrementar de tres al cinco por ciento la aduana para la existencia de futuros partidos y reducir a la mitad el costo electoral (de 18 a 9 mmdp), se busca la alianza en 2030 con dos nuevas figuras: CSP y PES. Es una jugada perversa de largo plazo.
Construyendo Solidaridad y Paz rebasaron las 200 asambleas distritales, reportando incluso quórum excedente en el 90% de ellas. Es la única organización que ya terminó esta etapa formalmente y presumen 270 mil afiliados.
El Partido Encuentro Solidario, busca su tercera resurrección histórica al estar a ocho asambleas y a 16 mil afiliados, pero su mayor obstáculo es el TEPJF pues está impugnado bajo el alegato de utilizar ministros de culto para inducción del voto lo que causaría su anulación, pero si el régimen es el patrón…
Bajo esta tesis, si ambos logran el registro, el sistema no se democratiza; se fragmenta deliberadamente. CSP operaría como el satélite necesario para capturar el voto útil de la izquierda, mientras el PES intentaría atraer al sector conservador desencantado, dejando a la oposición tradicional (PAN/PRI) aislada y sin aliados potenciales en un Congreso que busca ser monolítico.
Por su parte, Somos México, el brazo político de la llamada "Marea Rosa", lidera la narrativa ciudadana. Cumplió con las asambleas distritales (219 de 200 mínimo) pero contabiliza 130 mil simpatizantes validados, la mitad de los 256 mil que exige la ley. Le queda un mes.
En el flanco opuesto, México Tiene Vida (del ala ultraconservador) presume haber rebasado el umbral de afiliados, pero le faltan 55 asambleas. Para el régimen, descalificar a una organización por "errores técnicos" es políticamente más barato que enfrentar sus postulados ideológicos en las urnas. Es la exclusión disfrazada de rigor administrativo.
Y el Movimiento de Reconstrucción Social representa la amenaza interna para Morena –un caballo de Troya--, pues busca aglutinar a los morenistas inconformes. Han certificado 185 asambleas distritales y 210 mil afiliados, pero al nacer de la izquierda disidente sus simpatizantes pueden presentar "doble afiliación" (se estima un 30% de sus registros) y ser invalidados.
Detalle: los nuevos partidos no pueden ir en coalición en este 2027 y deberán cruzar el filtro del 3% o del 5% del total del padrón para pasar a la siguiente etapa (2030). Suena lógico que Morena pueda ir solo y dejar que el PVEM y PT luchen por su registro y en contraparte cobijar a CSP y PES con miras a la presidencial.
Al asfixiar a las nuevas organizaciones que buscan ser partidos nacionales, antes de que logren siquiera pisar la boleta de 2027, la administración de Sheinbaum busca garantizar que la pluralidad en México sea un simulacro controlado y no una alternativa real al poder establecido.
El tablero político de 2026 no enfrenta una competencia democrática convencional, sino una purga institucional dirigida. Detrás de la inminente Reforma Electoral que se cocina en los pasillos del Congreso para finales de este mes, no reside un genuino espíritu de ahorro presupuestario, sino en el diseño de un sistema de partido hegemónico.
Sin embargo, el verdadero verdugo no es el tiempo, sino la tecnología y la ley. La aplicación móvil del INE se ha consolidado como el gran filtro arbitrario de esta contienda. Las fallas técnicas, la intermitencia en zonas rurales y los criterios de validación facial excesivamente rígidos han provocado que miles de ciudadanos queden en un limbo digital.
Esta "exclusión tecnológica" no es un error del sistema, sino una barrera de entrada que favorece a quienes poseen estructuras corporativas de movilización frente a quienes apuestan por la afiliación orgánica.
La Reforma Electoral actúa como una guillotina legislativa de largo alcance. "Austeridad" no es un acto de justicia social, sino de neutralización política. Para los partidos de oposición actuales (PAN, PRI y MC), este recorte significa una parálisis total de su movilidad territorial.
Sin recursos para mantener comités estatales, pagar pautas de defensa mediática o financiar la logística de sus brigadas, la oposición quedará reducida a una expresión testimonial, incapaz de competir contra la inercia masiva de la infraestructura de programas sociales del oficialismo.
Esta estrategia apunta a una hegemonía que emula el modelo de "partido predominante". Sin estas posiciones, el sistema mexicano retrocede hacia un hiperpresidencialismo de facto, donde las minorías pierden su voz en la tribuna y el Congreso se convierte en una caja de resonancia de una sola voluntad de nueva cuenta.
Con la reducción presupuestaria, los nuevos partidos verían sus expectativas financieras reducidas a la insignificancia. El resultado es una competencia profundamente desigual: mientras el bloque oficialista mantiene su hegemonía mediante el uso del aparato estatal, los competidores no tendrán siquiera para pagar representantes en las casillas.
El fracaso de estas organizaciones consolidaría un sistema de "pluralismo limitado", donde el acceso al poder profesional sea un privilegio de quienes ya cuentan con la bendición del presupuesto público.
Bajo el lema de la austeridad, se construye una "democracia de bajos ingresos". Al asfixiar el financiamiento a nuevos partidos y recortar a la mitad la movilidad de los existentes, se garantiza que solo las redes clientelares masivas tengan capacidad de movilización efectiva.
La narrativa de Estado capturará la agenda pública por completo y la democracia dejará de ser un espacio de elección para convertirse en un trámite de supervivencia administrativa, donde el ganador se decide antes de que se abran las urnas.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando
Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios
escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas,
Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración
Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”,
Consultoría Especializada en
Organizaciones…
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