Inaugura Toño fin del miedo a crecer
EN HERMOSILLO HAY catorce pasos a desnivel. El recién inaugurado (Colosio y Solidaridad), costó 412 mdp con recurso 100% municipal, los otros trece fue inversión mixta entre Estado y Federación. Su culminación estaba programada para el 15 de febrero, pero terminaron 25 días antes con los ahorros que ello signifique.
Esta obra permitirá agilizar el flujo de los 74 mil vehículos diarios que por allí transitan y que conforman el diez por ciento del total de carros que circulan en Hermosillo, conforme a datos oficiales del gobierno federal.
Y es que extraoficialmente se manejan poco más de un millón de carros en circulación que va y pega con la cantidad de habitantes de la capital sonorense (936 mil, censo Inegi 2020), y sobre cuyas cifras se establecen los parámetros presupuestarios del municipio.
En los círculos de planeación urbana y cámaras empresariales la cifra extraoficial ronda el millón 300 mil habitantes cuya diferencia de casi 400 mil personas es tanto como si Hermosillo tuviera que atender a toda la población de una ciudad extra (como Cajeme o Nogales) con el mismo dinero de siempre.
El crecimiento poblacional real de Hermosillo promedia un 2.5% a 3% anual, pero la demanda de servicios e infraestructura por la expansión horizontal crece cerca del 5% o 7%. Esos cuatro puntos porcentuales es el déficit automático que, aunque es invisible, pega duro.
Este paso a desnivel cuenta con un diseño de ingeniería con una duración mínima a 15 años (la vida útil del pavimento son tres años), al incrementarse el flujo y sacar el tráfico pesado vía libramientos sur y norponiente, que, por cierto, serán inaugurados en marzo del año entrante con una inversión de más menos mil 200 mdp.
Estos dos libramientos además de que desviarán un millón de cruces de carga pesada por año, conforman la frontera de crecimiento industrial en un Hermosillo cuyo PIB ronda el 50% del estatal y que con más obras que se avecinan, ampliarán el indicador en dos o tres por ciento extra durante el año.
Es importante la ampliación presupuestaria de cabildo de ocho (en 2025) a diez mil mdp (2026) pues tres mil y pico se destinarán a pavimentar un millón de metros cuadrados, pero primero arreglarán las fugas de agua y aplicarán tecnología (telemetría y energía solar) para que la tubería (muchas serán cambiadas), no se revienten a la hora de inyectarles presión.
El ahorro generado por las patrullas eléctricas permite que cien mdp se apliquen al programa Creces. La ingeniería financiera adecuada a servicios públicos (recolección de basura, alumbrado, suministro de agua potable y alcantarillado, saneamiento, seguridad pública, bomberos y un largo etcétera) impacta en impuestos bajos a la ciudadanía.
Pero, la visión de largo aliento que hoy celebramos podría quedar reducida a un monumento aislado si el relevo en el Palacio Municipal carece de visión técnica y altura política.
El peligro no es la falta de dinero, sino la llegada de autoridades que no entiendan la complejidad del futuro. Si el próximo gobierno ignora la ingeniería detrás del éxito, Hermosillo volverá al ciclo del parche.
Gobernar una capital en expansión exige entender que la obra de hoy es el seguro de vida de mañana. Sin continuidad en la estrategia de eficiencia, el progreso que hoy inauguramos será apenas un recuerdo.
El reto es monumental porque Hermosillo corre más rápido que sus recursos. Existe un déficit automático: crecemos en población y extensión a una velocidad que los censos oficiales y el presupuesto federal no alcanzan a registrar.
Cada nueva colonia en la periferia exige servicios que cuestan más de lo que recaudan. Es una carrera frenética donde la mancha urbana se expande, mientras el financiamiento tradicional se queda estancado en el pasado.
Por eso, la ingeniería financiera de Toño Astiazarán es disruptiva. Al no poder estirar el presupuesto por la vía de los impuestos, decidió estirarlo mediante la eficiencia energética y la digitalización quirúrgica de la red de agua.
Aquí radica el verdadero valor de la telemetría y el ahorro solar. No son adornos tecnológicos; son las herramientas para cerrar la brecha entre una ciudad que crece al 5% y un presupuesto que apenas respira.
Si quien llega después no comprende esta "matemática del crecimiento", el déficit nos devorará. El puente a desnivel será un alivio, pero la ciudad volverá a asfixiarse bajo el peso de su propia expansión.
El presupuesto es hoy el arma para ganar la carrera contra el tiempo. Es el puente entre la ciudad que somos y la metrópoli que estamos obligados a ser en los próximos quince años.
En esta planeación a largo plazo, los nuevos libramientos no son solo vías de desahogo; funcionan como las nuevas fronteras del crecimiento. Al norte, trazan el límite donde la expansión poblacional e industrial debe ordenarse para los próximos treinta años.
Hacia el sur, la apuesta es de gran calado industrial. Se proyecta elevar el Parque Industrial de Hermosillo de las 500 hectáreas actuales a un nodo robusto de mil 500, multiplicando por tres nuestra capacidad de atraer inversiones globales.
Este crecimiento convertirá a la capital en un nodo logístico sin precedentes. Es aquí donde debemos diferenciar: hay obras diseñadas para resolver la urgencia de hoy y otras, como estos polos industriales, que proyectan el Hermosillo de las próximas décadas.
Mientras un paso a desnivel nos da fluidez para los siguientes quince años, la triplicación del parque industrial y los libramientos blindan el desarrollo económico por los próximos treinta. Son visiones con ritmos y alcances distintos.
Entender estas temporalidades es lo que separa a un estadista de un burócrata. Sin esta claridad sobre dónde termina la ciudad y dónde empieza la industria, cualquier presupuesto terminará diluyéndose en el desorden y la improvisación.
El tablero está puesto y las piezas se mueven con precisión de relojero. Sin embargo, este diseño de ciudad a 15 y 30 años es también una herencia pesada que requiere continuidad, no experimentos.
Hermosillo no puede permitirse el lujo de volver a la curva de aprendizaje cada tres años. El riesgo de que la visión de Toño Astiazarán sea interrumpida por la improvisación es el riesgo de condenar a la capital al caos.
El éxito de este nodo industrial y de las fronteras trazadas por los libramientos dependerá de que los sucesores entiendan que la ciudad ya no se gobierna con ocurrencias, sino con ingeniería y prospectiva.
Hoy celebramos un puente, pero lo que realmente está en juego es la viabilidad de la capital para el resto del siglo. La vara ha quedado alta; el futuro de Hermosillo ya no acepta menos que una visión de largo aliento.
Al final, la historia no juzgará a esta administración solo por el concreto que inauguró, sino por haber trazado el mapa de una ciudad que, por primera vez, dejó de tener miedo a crecer.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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