El poder que no se comparte

2026-01-20 | Armando Vásquez A. | Columna Archivo Confidencial
6336435970_e82257563d_b

En México, el poder nunca se comparte. Ni con votos, ni con partidos, ni con popularidad. Tiene sus propias reglas. Decide quién gobierna y quién cae. Lo saben gobernadores, operadores y presidentes. Lo saben también los “mexicanólogos” en Estados Unidos, especialistas que estudian nuestro entramado político y sus leyes internas, visibles y no tanto.

Entenderlas es clave para comprender lo que hoy ocurre con Claudia Sheinbaum, AMLO, su hijo Andy López Beltrán y la narrativa sobre la posible renuncia de la presidenta.

Cambiar un sistema político lleva años. Las inercias son difíciles de borrar. En este presidencialismo, las normas no cambian según el discurso: el poder se concentra, se hereda o se neutraliza. Cada acción, cada filtración, cada decisión forma parte de un entramado mayor. Ignorarlas, aunque se tenga respaldo popular, casi siempre termina en desgaste o derrota.

Todo cuenta. Hasta el gesto más mínimo tiene consecuencias. Adaptarse al sistema es la única forma de sostenerse. Con esto en mente, se entiende mejor lo que ocurre hoy con Sheinbaum, AMLO y Andy.

Sheinbaum lo sabe. Construye una estructura de poder a hachazos. Rápida, funcional y brutal. No hay tiempo para sutilezas ni estética. El resultado es firme, aunque toscamente esculpido. Gobernadores, operadores y partido saben que ahora la fuerza manda más que la elegancia.

Andy López Beltrán complica la ecuación. Presume más de 11.5 millones de futuros votos, algunos de estructuras sindicales clave como el SNTE. Busca consolidar un poder sostenible, capaz de condicionar candidaturas y decisiones sin ocupar la silla presidencial. Cada cifra que menciona envía un mensaje implícito: sin mi aval, nada se garantiza. Calles nunca tuvo un heredero informal con capital electoral propio.

AMLO sigue marcando la línea. Reapareció en público, pero su mensaje no iba dirigido a Trump. Iba a Sheinbaum. No hubo abrazos, solo advertencia silenciosa. Recordó los límites que acompañan al poder central. La autonomía se ejerce dentro del proyecto, no fuera de él.

En paralelo, la investigación del Tren Interoceánico envió otro mensaje. Como un “te lo digo Juan para que lo entiendas Pedro”, Sheinbaum dejó claro que la pesquisa seguiría, aunque Gonzalo, otro hijo de AMLO, estuviera involucrado. La ley pesa más que los apellidos y los capitales heredados.

Los rumores buscan desestabilizar. La narrativa sobre la renuncia circula con fuerza y encuentra eco en la casa de apuestas Polymarket, que la colocan como posibilidad real. Es prematura y peligrosa. Va contra lo que Sheinbaum busca: ser una presidenta real, tomar decisiones, operar en política, seguridad y comercio. No hay margen para ceder autoridad a rumores ni apuestas.

Trump añade otra capa. Cuando dice que Sheinbaum “le tiene miedo a los cárteles”, el mensaje no es personal. Señala que los compromisos de riesgo no los generó ella, sino el gobierno anterior. La lectura implícita es clara: no puede ser vista como continuación de AMLO. La independencia es condición de gobierno.

Sheinbaum enfrenta un patrón que recuerda a Calles y Cárdenas: gobernar sin que el fundador estorbe. Pero ahora hay diferencias. Andy está presente y fortalecido, el heredero informal con capital electoral real. AMLO marca límites, circulan rumores de renuncia y presiones externas tensionan el escenario. En este triángulo, Sheinbaum debe equilibrar fuerza interna, autonomía institucional y vigilancia hereditaria.

Cada gesto institucional suma. La investigación del Tren Interoceánico marca un dejo de independencia y deja claro que los apellidos no son escudo. Trump refuerza la necesidad de separar simbiosis y autonomía. El sistema mexicano exige que el fundador que no se repliega termine debilitando su propio proyecto. Hoy, Sheinbaum construye autoridad sin tutelas, García Harfuch es su punta de lanza, Andy reclama el espacio que siente suyo, y AMLO recuerda los límites que todo presidente debe respetar.

El futuro se construye o se pierde. La narrativa sobre renuncia y apuestas refuerza la tensión, pero no define el rumbo. Lo que importa es la capacidad de Sheinbaum para sostener una estructura funcional, con gobernadores propios, partido disciplinado y autonomía frente a herederos y fundadores. Esa es la escultura que construye: áspera, tosca, pero real.

El rumbo hacia 2027 está en juego. Dependerá de quién mantenga la estructura sin que se resquebraje. Ante la presión de Trump, las jugadas de AMLO y Andy, Sheinbaum debe ampliar su espacio de flotación pues conforme a los estudiosos de la política en México, quien sostiene el poder y siempre decide es quién controla el futuro, no quién presume el pasado.

Claro, en la conformación del nuevo sistema político que quiere imponer las leyes no escritas la pueden rebasar y abrir una fisura que puede ampliarse si no entiende que requiere imprimir su propio sesgo, más allá del segundo piso y para ello requiere, entre otras acciones dar un golpe de timón que le coloque como la presidenta que es y si, el inicio puede ser entregar algunos narcopolíticos.

Cuando esto ocurra sus bonos se irán a las nubes y de manera automática se desdibujará la imagen del AMLO titiritero y controlador. Mientras se decide, las apuestas en Polymarket, para bien o para mal, siguen en el tablero. https://n9.cl/nm1wh

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…                                                                                                                                                                                                                                  

Correo electrónico:

archivoconfidencial@hotmail.com

https://www.facebook.com/armando.vazquez.3304