Apuesta ya perdida

2022-01-11 | Samuel Valenzuela | Columna
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ENTRETELONES, POR SAMUEL VALENZUELA O.

Al estilo de hace casi dos años cuando el Covid-19 se ensañaba en gran parte del mundo y en México se aseguraba que no representaba ningún riesgo, la tendencia al evaluar la nueva vertiente Ómicron es igual de frívola y negligente.

Los expertos en salud pública argumentan que esta nueva cepa es de baja letalidad incluso entre los no vacunados y que si bien su propagación es más acelerada que la Delta, el crecimiento exponencial de contagios no ha saturado hospitales y llegan a considerar que es factor que a la postre brinde la inmunidad de rebaño.

Bueno, de todas formas siguen muriendo personas y no es para festejar el que sean menos que antes, porque además esa extrema consecuencia va aparejada a todo un entorno de incertidumbre socioeconómica en miles de familias mexicanas.

La miopía de quienes evalúan la situación y de quienes toman decisiones para enfrentar la más grave crisis sanitaria en la historia de México no les permite prospectar lo que ya se manifiesta en todas las economías del mundo, en donde los efectos del Ómicron en sus economías, tiende a ser mayor que los causados a lo largo de la pandemia.

Sigue en las mismas

La acelerada propagación del virus obliga al aislamiento de miles, millones de personas lo cual como es lógico, pone en pausa a miles, a millones de empresas, se desacelera la economía y se encarecen la prestación de servicios y productos de consumo.

Esa es una realidad, que si no se asume con la debida seriedad, la situación actual de descontrol de la pandemia podría derivar en un mayor caos, ya que su acelerada expansión por ausencia de restricciones de movilidad hará que las cosas se pongan peores y las consecuencias mayúsculas.

Citando al clásico, todo indica que la tendencia es catastrófica y el peor ejemplo lo ofrece el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador, quien bajo medidas de protección VIP, en la mañanera de este lunes reconoció andar agripado y que más tarde se haría la prueba, enviando al respetable su ya tradicional mensaje de negligencia al comparecer ante medios sin cubrebocas.

Y lo peor, pretende minimizar la estela de muerte que ocasionaron sus torpezas desde el mismo arranque de su negada emergencia sanitaria y de su tacaña estrategia para apoyar a pequeñas y medianas empresas ahora desaparecidas.

Increíble la ausencia de rectificación, de reconsideración y reconocimiento de que hicieron mal las cosas y que sus malas decisiones causaron dolor y muerte, efectos que no se desmienten asegurando que la tasa de mortalidad en nuestro país es menor que las que han dado a conocer organismos internacionales.

Las grandes masas populares ya resienten los efectos de la incompetencia presidencial al ver pulverizados los ya de por sí pocos ingresos por la escalada inflacionaria que durante el 2021 cerró en un 7.36 por ciento, la mayor en 20 años, que impactó a la generalidad de productos de consumo básico, materiales de construcción, combustibles, servicios y demás.

Dicha problemática no es tema para el presidente, quien se conforma con alardear avances, soluciones e inversiones en sus tres más grandes ocurrencias como lo son la refinería Dos Bocas, el Tren Maya y la aeropista Felipe Angeles, cuyas perspectivas llevan a un fracaso monumental.

Así las cosas, a excepción de lo que aseguran el inquilino de Palacio Nacional y sus asesores, expertos analistas pronostican grave situación económica para México y los mexicanos durante este 2022; se mantendrán al alza la inflación; el crecimiento económico será menos del 2 por ciento, seis puntos menos de los requeridos para llegar a los niveles de principios del 2020.

Esa tendencia ya traía la aviada del 2019 y la pandemia sólo la aceleró, y para nada la crisis mexicana obedece a condiciones externas, ya que si bien influyen, en mayor medida obedece a la incompetencia en el manejo de las finanzas del Estado Mexicano; a priorizar estrafalarios presupuestos para políticas públicas nacidas de la ocurrencia y olvidándose de que lo más importante son las despensas y las mesas donde come la gente de este país.

Impuesto de los pobres

Por lo pronto, a pesar de todo lo que ha ocurrido, histórico e inédito el que no se hayan modificado estrategias y que como desquiciados se dejen llevar por un malentendido amor propio negándose a reconocer que están equivocados, particularmente en el tema de la salud, seguridad pública y en materia económica, en donde los fracasos están a la vista de todos, con todo y sus saldos trágicos.

Más de tres años han pasado sin que puedan solucionar el problema de desabasto de medicamentos; más de tres años se la han pasado de tumbo en tumbo ante el embate de bandas del crimen organizado; más de tres años se les han ido repartiendo dinero a través de programas sociales cuyos montos son devorados por la inflación, y tres años se la han pasado hablando contra actos de corrupción, mientras brotan como plaga hasta en los círculos más cercanos del mayor promovente.

Mientras tanto, la fuerte embestida y expansión de la pandemia sigue cobrando vidas y postrando a cientos de sonorenses todos los días, sin que se observen mayores acciones del gobierno para proteger a los ciudadanos, más allá de generar esperanzas por que ya mero llegan las vacunas en sus primeras, segundas o dosis de refuerzo.

Grave el que ante la acelerada propagación del virus, se haya dejado a la buena de Dios a cientos de personas que han tenido que recurrir al sector privado para hacerse pruebas, todo porque se decidió limitar al mínimo la otrora atención que se daba en ese sentido sin costo para la gente.

Más grave aún la ausencia de liderazgo que motive, que incentive a la ciudadanía a la responsabilidad y al autocuidado, ya que al contrario, en un ámbito en el que cualquiera es libre de contagiarse o morir, no se han implementado medidas de autoridad para contener la pandemia, llegando sólo a anuncios decorativos sobre la asignación de colores del semáforo epidemiológico y hacer gastadas y a veces estúpidas recomendaciones, que incluso rebasan lo de las estampitas religiosas o de la suerte.

Pues con todo y los avances del plan de vacunación; que disminuye la letalidad y que estamos listos para la nueva normalidad, infectados por el maldito virus siguen muriendo, como es el caso de nuestro amigo el exdiputado local Jorge Gastelum o el fallecimiento de tres miembros de una misma familia, además de las prolongadas convalecencias de tantos conocidos y/o cercanos a nuestros afectos.

Ante lo que está ocurriendo, más de la mitad de los estados del país determinaron suspender el inicio de clases presenciales; se han reactivado protocolos hospitalarios al poner en operación áreas exclusivas para pacientes contagiados; han determinado la obligatoriedad del cumplimiento de aforos en espacios públicos y multiplicado la instalación de centros Anticipa, resucitado los centros Centinela para facilitar y acelerar la aplicación de pruebas.

En Sonora, sabe qué está esperando el gobernador Alfonso Durazo Montaño para dar un golpe de autoridad y solidario para con la buena salud y defensa de la vida de la gente, ordenando acciones inmediatas de contención, que ya habrá tiempo para seguir dando anuncios sobre lo bien que le irá a la entidad en los próximos años.

Sabemos que se mantiene atento al desarrollo de la situación y por eso nos extraña que siga dejando ese asunto a la deriva y al voluntarismo social, cuando urgen actos de gobierno y de autoridad que acaben con esa nefasta inercia que ha dejado una estela de enfermedad y muerte.