Matrimonio igualitario. Un derecho que derriba prejuicios

2021-09-27 | Feliciano J. Espriella | Columna
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OLOR A DINERO

Por: Feliciano J. Espriella

Hasta hace unas cuantas décadas, en sociedades conservadoras como las que han tenido tanto peso en los destinos de nuestro Estado, la función principal del matrimonio era la de conceder a los nuevos cónyuges, el permiso formal para acceder a la vida sexual de pareja.

Aunque siempre hubo enamorados que se comían la torta antes del recreo, para la gran mayoría de las parejas estaba vedado (como dicen algunos políticos cuando quieren darnos atole con el dedo) llegar hasta las últimas consecuencias. Algunos jóvenes se las ingeniaban para conseguir anticipos de su dulcinea, pero el premio mayor era para la noche de bodas.

En esa sociedad ‘mocha’ y llena de prejuicios, la homosexualidad masculina y el lesbianismo eran totalmente condenados. Cuando en las familias alguien de los descendientes ‘salía del closet’ y se conocían sus preferencias sexuales, las respuestas parentales eran por lo general de repudio y condena. En muchísimos hogares, el hombre o la mujer que se declaraba abiertamente ‘gay’, era proscrito e inmediatamente echado o echada a la calle.

Sin embargo, la evolución de la humanidad hacia una mayor comprensión y aceptación a las minorías con ideas y costumbres diferentes a las de las mayorías (las cuales unilateralmente las han calificado como normales), ha ido paulatinamente eliminando la discriminación y fobias hacia dichas minorías.

En la actualidad el ejercicio de la sexualidad premarital es en casi todo el planeta, una práctica social y universalmente aceptada, así como el reconocimiento de la existencia de las personas a las que la ‘sociedad’ ha agrupado y encasillado con la etiqueta de “diversidad sexual”, término que también me suena un tanto discriminatorio, máximo que los y las integrantes de dichos grupos, sin el más mínimo bochorno, se declaran abiertamente como gays, lesbianas, trasvestis, transexuales y etcétera.

Sin embargo, reconocer la existencia de dichas minorías, para mantenerlas restringidas y acorraladas, no es de ninguna manera allanar la discriminación. Al contrario, al igual que los gettos, nombre que se le ha dado a cualquier asentamiento minoritario de una ciudad y que en Estados Unidos proliferaron en todas las grandes ciudades para radicar a los esclavos africanos y sus afrodescendientes, el reconocimiento a las minorías aglutinadas bajo las siglas LGBTIQA+, no ha significado en nuestro país, y particularmente en nuestro Estado, su incorporación a las libertades y derechos del resto de la población.

El congreso de Sonora dio un gigantesco paso hacia la pluralidad

Por ello, el paso que se dio en el Congreso del Estado para reformar el Código de Familia y reconocer el matrimonio igualitario en Sonora, el cual fue aprobado abrumadoramente por los diputados de casi todos los partidos políticos, incluyendo a la legisladora del Partido Encuentro Solidario, Paloma María Terán Villalobos, es sin duda alguna un fuerte avance hacia las libertades individuales y contra la discriminación.

Las ponentes de la reforma fueron las diputadas Rosa Elena Trujillo Llanes de Movimiento Ciudadano (MC) e Ivanna Celeste Taddei Arriola de Morena, quienes hicieron una excelente presentación del proyecto.

El día de la aprobación, fuera del recinto había una buena cantidad de opositores al matrimonio igualitario, y seguramente en el transcurso de las próximas semanas y meses externarán sus condenas y críticas en contra de la medida, empezando por los grupos de ultraderecha y religiosos de los distintos cultos y religiones.

El matrimonio igualitario representa un triunfo del amor sobre los prejuicios

Quienes se oponen al matrimonio igualitario, los hacen desde la perspectiva de que con la autorización del mismo, tácitamente se está autorizando la práctica de relaciones diferentes a las heterosexuales, lo cual es totalmente erróneo.

La integración de parejas del mismo sexo ha existido durante toda la historia de la humanidad. Sólo que hasta hace poco tiempo, lo hacían en el marco de la clandestinidad. Actualmente la gran mayoría lo hacen abiertamente y sin tapujos.

Quienes rechazan por los motivos que se quiera las relaciones entre parejas del mismo sexo, están en todo su derecho de manifestarlo y condenarlo. Pero de lo que no tienen derecho, es de evitar que, al igual que el resto de la humanidad, refuercen los lazos de su unión con un marco jurídico que les permita el acceso a derechos humanos y legales que hoy tácitamente tienen vedados.

En mi opinión, fue el triunfo del amor sobre los prejuicios

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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