Gobierno, gobernanza, gobernabilidad…

2021-09-14 | Armando Vásquez A. | Columna Archivo Confidencial
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UNO DE LOS errores más comunes que se cometen por quienes llegan por primera ocasión al servicio público es desconocer el abc de la administración pública, lo más esencial y suelen confundir gobierno con gobernanza o también con la gobernabilidad que son tres conceptos diferentes pero unidos en su parte esencial. Serían primos hermanos.

Explicación rapidita:

Gobierno es el conjunto de los órganos a los que institucionalmente les está confiado el ejercicio del poder político y que forman parte de la concepción del Estado.

Gobernanza es la forma de gobierno basada en la interrelación equilibrada del Estado, la sociedad civil y el mercado para lograr un desarrollo económico, social e institucional estables.

Y gobernabilidad se refiere semánticamente a la capacidad de ser gobernable y conceptualmente a la relación que se manifiesta cuando existe un estado de equilibrio en el ejercicio del poder político derivado de la solución de demandas sociales y la capacidad de los gobiernos de atender éstas de forma eficaz, estable y legítima.

Ejemplos.-

Recuerdo que en tiempos de Eduardo Bours, ante las críticas sufridas, tuvo que decir a los cuatro vientos que el gobernador era él pues se veían influencias externas muy cargadas que lo minimizaban.

Es común, cuando llega un nuevo gobierno, que factores externos como la misma prensa, cámaras empresariales, ONG´s, amigos y hasta familiares cercanos a los funcionarios se sientan irradiados o impregnados del halo del poder que emerge de quienes lo sustentan. Hasta lo sienten como un derecho.

Ocurrirán dos detalles.

Al principio y en lo que llamarán gobierno de puertas abiertas, atenderán a todos aquellos que se les acerquen y llegado el momento se hartarán a tal grado que cambiarán de número telefónico o bien, les hartarán de tal manera que las llamadas serán atendidas por su secretario (a) y recibirán el consabido: “qué gacho”, “ya no me atiendes”, “qué rápido se te olvidó” o bien: “se te subió el puesto a la cabeza”. Serán reclamos constantes que les obligarán a generar filtros pues la molestia será perenne.

Y segundo, cuando se den cuenta que sus decisiones cambiarán vidas, efectivamente se les puede subir el puesto y subirse al ladrillo que tanto criticaban, seña inequívoca de que no saben manejar el poder. Hay un error también muy común y que suelen confundir: llegan a creer que con la atención a todas esas personas van a construir capital político para, posteriormente, seguir manteniendo su permanencia y continuidad, lo cual suena lógico pero es una falacia pues la gente entre más se les da, más quiere y suelen ser ingratas.

El capital político no lo construye un funcionario para sí, pues las lealtades son efímeras y se acaban desde la primera falla que se comete, es decir, por una petición incumplida. Es desgastante esto para cualquier servidor público que después no hallará la puerta. Pero ya lo sufrirán.

Cuando la serie de problemáticas que atiendan en base a sus decisiones –no pueden esperar a cada rato el visto bueno del gobernador pues sería tanto como mostrar su inestabilidad mental, vulgo incapacidad--, les rebasen, la gobernanza o equilibrio se verá afectada cuando tengan encima partes de la sociedad manifestándose por sus malas o falta de decisiones adecuadas.

Y lo peor, no se les puede cumplir a todos pues la cobija es corta, así como la agenda y el día de trabajo. Habrá quienes atiendan hasta en domingo, error fatal y lo pagarán en su salud con infartos, jiricuas o el estómago y sus úlceras. O bien, terminarán divorciados.

Es el cuento natural de nunca acabar. Aunque existen técnicas ya muy probadas para no permitir que el fuego llegue a los aparejos utilizando excelentes operadores políticos con poder de decisión efectiva, se van a dar cuenta que sobre sale una diferencia entre aprovechar a los existentes o generar nuevos y de darse este último punto ocurrirá que se manejarán en base a prueba y error, lo cual a su vez será costoso políticamente hablando.

Por ejemplo, en tiempos de Francisco Barrio como gobernador de Chihuahua se estableció una política de atención mediante la cual se manejó que toda movilización que no llegara a la prensa y por ende no tuviera trascendencia, simplemente no era noticia o bien limitaba o rebajaba al máximo su valía y no eran atendidas. Hubo quienes comprendieron la estrategia y ampliaron sus tácticas de acción.

El hecho es que los grupos contrarios a Barrios crecieron de tal manera que afectaron la gobernabilidad por su creciente petición de atención y solución de problemas que posteriormente perdió su partido, el PAN, las siguientes elecciones contra el PRI.

Los diferentes grupos de poder de una sociedad –incluidos los generadores de inseguridad--, de no ser atendidos o combatidos, pueden paralizar los sectores que encabezan creando un sistema paralelo de poder al que detenta el Estado.

Se pierde la gobernabilidad cuando, por ejemplo, se sale de control la petición de mejora o cubrimiento de necesidades y la aplica, digamos, un jefe de cartel, que es lo que hacen los narcos con su actuar al favorecer a los más necesitados. Reemplazan pues a papá gobierno.

En estos momentos el gobierno de Alfonso Durazo ingresó a un período de ajustes. Habrá ene cantidad de nuevos funcionarios a quienes en su vida les ha visto, de allí que deberá dar a conocer líneas de comportamiento desde el principio del sexenio para asegurar el funcionamiento adecuado y reglas no escritas para poder despedir y en caso dado castigar, a quienes se salgan del huacal.

Y tiene que ser desde el principio pues una vez en el poder, los funcionarios de primer, segundo y tercer nivel que dizque apoyan a la 4T, conformarán bloques de complicidades y círculos viciosos difíciles de combatir por los intereses creados alimentados por dinero fácil conseguido del erario o bien por el logro de mejores posiciones políticas que permita el acumulamiento del poder público que es igual de atractivo, provechoso y deseado, que el mismo recurso monetario.

Será interesante ver la actuación de cada funcionario en lo particular. Hay que darle cuerda a esto para analizar lo que hacen o dejen de hacer.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorado en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…

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