El Caballero naturalista y los fósiles.

2020-11-09 | Jesús Villegas Gastélum | Columna
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Corte De Caja

Jesus Villegas Gastélum

8 de mayo de 1926, el Reino Unido se encuentra en ebullición con el quinto día de la primera huelga general en su historia, movimiento al que se han unido más de 3 millones de trabajadores para intentar detener más recortes salariales y de prestaciones a los más de 800,000 trabajadores de las minas de carbón.

Y mientras decenas de miles de británicos marchan en Londres frente al Parlamento gritando ¡Ni un penique menos de sueldo, ni un minuto más de jornada! a solo unas cuadras al oeste del Támesis, en Isleworth, la madre naturaleza se regocija con el nacimiento del que se convertirá en uno de sus hijos predilectos: David Frederick Attenborough, considerado desde hace décadas el presentador e historiador naturalista más importante del mundo.

Desde sus primeros pasos David se enamoró de la naturaleza y sus tesoros vivientes, por lo que estudiar Ciencias Naturales en los bellos jardines de Clare College (Cambridge) y después involucrarse con temas naturalistas en sus primeros pasos en la mítica BBC fue algo literalmente 100% natural, trayectoria que fue enriquecida con un posgrado en Antropología Social en London School of Economics, así como importantes puestos directivos en la propia BBC, todo esto sin descuidar su principal pasión: llevar a millones de televidentes de su mano alrededor del mundo para asombrarnos con lugares maravillosos y con algunos de los seres más extraordinarios de la madre naturaleza.

Hoy quien desde 1985 se convirtiera en Caballero del Imperio Británico y en 2004 recibiera el Premio Mundial de Educación José Vanconcelos, entre múltiples reconocimientos alrededor del mundo, cuenta con 94 años de edad y si bien claramente nadie como él ha disfrutado en carne propia las maravillas de la madre naturaleza, también nadie como él ha sufrido como testigo del dramático deterioro que ha sufrido nuestro planeta en estos casi 100 años.

Ante lo anterior el incansable Caballero Naturalista nos regala este 2020 el que pudiera ser su legado definitivo: “David Attenborough: A life on our planet” (David Attenborough: Una vida en nuestro planeta), un invaluable testimonio de amor y vida compartido a través de la plataforma Netflix que por su relevancia es un documental que debería ser visto por todos los seres humanos, en especial niños, jóvenes y adultos jóvenes.

Cuando el Caballero Naturalista habla el mundo entero debería escuchar con atención y ante ello reviste importancia cuando resalta la urgencia de disminuir el uso de energía obtenida mediante combustibles fósiles y fomentar el uso de las inagotables energías renovables como la solar, eólica, hidráulica y geotérmica, como una vía inequívoca de supervivencia de nuestro planeta, abordando ejemplos como el de Marruecos que pasó de ser un país que a inicios de este siglo dependía del petróleo e importación de gas para generar energía, a hoy en día cubrir el 40% de sus necesidades internas con energía solar y no solo estar encaminado a ser autosuficiente sino a convertirse en un gigantesco exportador de energía a Europa atravesando el mismísimo Desierto del Sahara.

Y si el Caballero Naturalista preguntara ¿Qué le impide a un país como México aprovechar su inigualable potencial para aprovechar este inequívoco rumbo que no solo contribuiría a salvar nuestro planeta sino a consolidar una industria que podría detonar el futuro de nuestro país? ¿Qué está ocasionando que inversiones multimillonarias en el sector de energías renovables ya iniciadas en nuestro país estén súbitamente detenidas?

Y la respuesta a lo anterior es que entre múltiples factores nuestro país cuenta con 2 funcionarios federales claves del sector en un evidente estado de fosilización intelectual: Rocío Nahle García en la Secretaría de Energía y Manuel Bartlett Díaz en la Comisión Federal de Electricidad, que claramente no comprenden ni el contexto histórico ni la coyuntura económica y ambiental que hoy vivimos en México y el mundo, porque de otra manera no podría entenderse que siga sin retomarse la senda del fomento a las energías renovables y que sigan sin lograrse acuerdos para destrabar los diferendos en este sector que debiera ser estratégico para el país.

Tener a este par de funcionarios mal informando e incluso quizás engañando al Presidente López Obrador, como parecería tras lo señalado por la Auditoría Superior de la Federación donde se comprobó que la CFE no solo no tendrá ahorros con la “cacaraqueada” renegociación en materia de gasoductos sino que le costarán al país $6,836 MDD adicionales, hace evidente el daño que puede causar poner la Iglesia en manos de Lutero, o en términos de paleontólogos, poner a especies fósiles a decidir sobre el futuro energético y ambiental de nuestro país.

El tiempo apremia en materia energética, económica y ambiental, y de esto último nos concientiza duramente el Caballero Naturalista cuando al iniciar su cronología (1937) existían 2,300 millones de habitantes en el mundo, 280 partes por millón de carbono en la atmósfera y 66% de espacios naturales remanentes en el mundo, mientras al final del recuento (2020) ya somos 7,800 millones de habitantes, hay 415 partes por millón de carbono (eso explica el calentamiento global), y ya solo queda un 35% de espacios naturales, lo que hace patente la urgencia de tomar acciones hoy mismo para salvar el futuro de nuestros hijos y nietos.

Ha llegado el tiempo de aspirar a un futuro renovable con energías inagotables. Los jóvenes mexicanos que por primera vez votarán el próximo 2021 seguramente harán valer su voz sobre este tema crucial que les concierne al 100%, por ello la trascendencia de conocer los compromisos al respecto tanto de los partidos políticos como de los futuros candidatos a todos los puestos de elección popular.

En EUA recién los electores actuaron contra quien aseguró que el calentamiento global era un sofisma, sin duda siguen los fósiles mexicanos, tanto los combustibles como los funcionarios. Que pongan sus vellos a remojar.

"Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol" Martin Luther King.

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