El bueno, el malo y el feo.

2020-09-07 | Jesús Villegas Gastélum | Columna
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Corte De Caja

Jesus Villegas Gastélum

Son pasadas las 5 de la tarde, el sol se mantiene implacable y las escasas ráfagas de aire caliente provocan el crujido de viejas cruces de madera en el cementerio de Sad Hill, sombrío plató que se convierte en testigo de un inédito duelo a muerte entre 3 codiciosos granujas que buscan quedarse con un valioso tesoro enterrado en el viejo camposanto. ¿Quién se quedará finalmente con el baúl repleto de brillantes monedas de oro al término de la torrencial lluvia de testosterona, pólvora y el perfecto cierre musical de Il Triello del eterno Ennio Morricone?

Es la parte culminante de “El bueno, el malo y el feo” (Il buono, il brutto, il cattivo), filme de 1966 dirigida por el italiano Sergio Leone y estelarizada por Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach, cinta considerada de culto dentro del género Spaghetti Western y que fue filmada en escenarios naturales de Burgos, Almería y otras bellas localidades de España, Italia y Alemania, cerrando así con broche de oro la denominada Trilogía del Dólar.

El filme fue un éxito de taquilla y aunque por su violencia originalmente recibió algunas críticas negativas, con el transcurso de los años se consolidó como un clásico del género que influenció en múltiples directores de cine como Quentin Tarantino, así como el sello musical de Ennio Morricone dejó huella en diversos compositores, músicos y hasta en bandas de rock como Metallica, quienes en algunas ocasiones hemos escuchado tocar parte de su música a manera de preludio a sus conciertos o como el clásico calentamiento previo a sus actuaciones.

Y así como el estilo de dirección de Leone y la música de Morricone han generado una influencia significativa en sus respectivas bellas artes, en la cultura popular se ha vuelto muy usual hacer analogías con los clásicos personajes de este filme, la mayoría de las veces basados en sus características físicas, pero que pasa si lo extrapolamos al ámbito de las políticas públicas a colación del reciente Segundo Informe de Gobierno del Presidente de México Andrés Manuel López Obrador? ¿Qué sería lo bueno, lo malo y lo feo a 2 años de la 4T”?

El símil de Clint Eastwood (lo bueno), aunque podría sonar contradictorio dadas las actuales perspectivas negativas de recuperación de la economía, quizás podría ser precisamente en el ámbito económico, dado que a pesar de malos augurios iniciales finalmente la 4T optó por darle continuidad a un pilar estratégico de desarrollo como es el caso del TMEC, así como en mantener y fortalecer algunas políticas “neoliberales” en materia económica y fiscal que hasta los más optimistas jamás hubieran imaginado, aunque evidentemente por otro lado no pueden ocultarse yerros trascendentales que han minado peligrosamente la confianza de inversionistas nacionales e internacionales (cancelación del aeropuerto y rondas petroleras, obstáculos a energías renovables, empecinamiento en proyectos inviables de infraestructura, etc, etc) y que hoy limitan la urgente recuperación.

El sello de Lee Van Cleef (lo malo) podría ser en la bandera discursiva más importante de AMLO: combate a la corrupción, ya que si bien por una lado gracias a este discurso logró llegar de manera aplastante a la silla presidencial, después afianzar su popularidad y recientemente gracias al caso Lozoya recuperar su caída de popularidad derivada de los criminales yerros en la política sanitaria para enfrentar el Covid-19, por otro lado el doble rasero como ha atajado las acusaciones de corrupción contra su hermano, miembros de su gabinete o aliados políticos, sin duda minan cada día más su credibilidad, aunque sorprendentemente ello pudiera no ser un factor determinante en el próximo proceso electoral dada la pequeñez y escasa calidad moral de los partidos de oposición que hoy les impide posicionarse con fuerza y credibilidad como verdaderas alternativas a Morena.

Por otra parte la encarnación de Eli Wallach (lo feo) sería el lamentable saldo de mexicanos fallecidos por el Covid-19 (casi 68,000 muertos al día de hoy) y los más de 60,000 fallecidos como consecuencia de la violencia desbordada e incontenible en todo el país en estos primeros 20 meses de la 4T, donde si 2019 se catalogó como el año más violento en la historia del país (36,000 víctimas), con lo cual se duplicó la tasa del primer año de Felipe Calderón y se superó en 55% el de Peña Nieto, en este 2020 podrían superarse las 40,000 muertes violentas en caso de seguir el tétrico ritmo actual de más de 100 muertes al día, 4 por hora o 1 cada 15 minutos.

La aterradora numeralia anterior bien podría haber tenido como telón de fondo el cementerio repleto de cruces de Sad Hill, pero lamentablemente para los miles de familiares y seres queridos de esos más de 130,000 mexicanos no hablamos de una obra de ficción sino de una cruda, cruel y triste realidad que cada día indigna y duele más a México, donde más de 6,000 de esas víctimas han sido mujeres y más de 2,000 menores de edad.

Y exactamente como cuando se estrenó la obra de Sergio Leone, hoy la obra de gobierno de AMLO y su 4T recibe fuertes críticas por su alto contenido de violencia y otros de los complejos factores ya enumerados, pero también como la obra de Leone sin duda la verdadera trascendencia de la obra de AMLO se medirá en el transcurso de los años venideros, sin dejar de ver que AMLO todavía tiene la ventaja de poder “editar” su obra durante los 4 años que todavía le restan a su mandato, y así quizás aún podría tener tiempo para finalmente lograr los resultados tangibles y verificables que tantos millones de mexicanos esperan, quienes al final, si Dios nos presta vida y salud, en el año 2024 sabremos si fuimos testigos de la gestación de un verdadero “clásico” en su “género” o del mayor churro o fiasco en materia político-económica de la historia reciente de nuestro país.

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