El Corrido de Chihuahua y la leyenda del “Chino” Medina (+)

2020-07-27 | Eugenio Madero | Columna
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Eugenio Madero

Perspectiva

Consciente de mi vasta ignorancia por el arte y las expresiones culturales que se practican en Sonora, aun así me atreveré a hacer un comentario de un personaje que merece todo el respeto de la ciudadanía y que desde hace mucho tiempo se convirtió en leyenda.

Rodolfo “Chino” Medina no solo deleitó a muchas generaciones con su música en vivo en los bailes y eventos sociales; también lo hizo con sus grabaciones en discos acompañado de su orquesta.

El desaparecido Maestro, quizá sin pretenderlo, se convirtió en una de las figuras públicas que más pudo llegar a las casas y a los corazones de todos los sonorenses.

Únicamente acompañado de su arte.

Sobra decir que ricos, pobres y las personas de las clase media, escuchamos -y seguiremos escuchando- sus finísimas notas musicales amenizando una noche de gala, una graduación, una boda o una quinceañera; bailando suelto o abrazado.

Cuando se pueda esto último, por supuesto.

La partida del popular “Chino” Medina, no solo la lamentan los ricos a través de las redes sociales (ya que antes la clase alta utilizaba los desplegados pagados en los periódicos); sino también la raza del nivel media-baja y baja-baja, la que en múltiples ocasiones acudió a las tocadas y a los bailables en los barrios y plazas públicas que organizaban clubes e instituciones de beneficencia que lo contrataban.

Sin olvidar, por supuesto, las noches de jueves musicales de Radio Sonora, institución pública en donde él, incluso, tuvo un programa llamado “¡Música, Maestro!”.

En lo personal, les soy sincero, ni siquiera crucé un pequeño saludo con el Sr. Medina.

Y lo lamento mucho.

Si acaso me tocó verlo en unas ocho o diez ocasiones, pero jamás intercambiamos una conversación o una mirada directa.

Pero eso no me impidió tenerle admiración a alguien que yo sabía que disfrutaba lo que hacía, y que lo valoraba la gente.

Un viejón alto, bien vestido muy elegante, de camisa suelta (de esas que no se fajan) y manga corta; lucía un bigote canoso, pero bien arreglado.

Como era antes, pues.

Y como muchos quisiéramos lucir a esa edad, si Dios nos presta vida.

Su presencia no solo iluminaba los lugares que frecuentaba; sino que les daba el distintivo de que dijeran “aquí estuvo el ‘Chino’ Medina”.

Reconozco que en tres o cuatro ocasiones, por la supuesta similitud de los apodos, la gente que no me conoce bien, me llegó a decir “Chino Medina”.

En lugar de “Chino” Madero.

De ninguna manera me molestó la confusión.

Con todo y que, en una ocasión, me llegaron a nombrar como Rodolfo; en lugar de Eugenio.

Aunque lo que me “agüitaba” realmente, era que no se acordaran de mi nombre.

Pero jamás que me confundieran con tan legendario personaje, de quien todos los sonorenses nos sentimos sumamente orgullosos.

A cuatro meses de haber iniciado esta pesadilla en México -y concretamente entre nosotros los hermosillenses-, seguiremos pidiendo a Dios para que ya no haya más contagios y por consecuencia que se acaben los fallecimientos.

Porque así como Dios tardó siete días en crear el mundo, igualmente le seguiré suplicando que utilice el mismo tiempo para que acabe con la pandemia.

Tengo un compadre que al hablarme para darme el pésame por el fallecimiento de mi hermano Tito, me decía “¿qué te puedo decir, compadre?, Dios sabe lo que hace y por algo se está llevando a tanta gente buena. Ya ves esos pinches malandros que andan en la calle robando y haciendo desmadre, ni siquiera usan tapabocas y no tienen miedo de morirse; porque tampoco Dios se los quiere llevar… porque allá (en la Gloria) le van a hacer un cagadero”.

Al siguiente día me habló otro amigo pelotero y me dice “de seguro que tu carnal está en un lugar mejor que aquí, porque allá a donde se van todos nadie regresa…lo que quiere decir que hay algo bueno”.

Y a raíz de tantas reflexiones provocadas quizá por el encierro, nos hemos dado cuenta de cosas que antes eran imperceptibles -quizá por la gran dinámica del trabajo y nuestras variadas ocupaciones-; pero que ahora las valoramos como debió ser desde un principio.

Por eso creo que la partida del Sr. Medina, no solo deja un gran vacío por llenar entre el gremio musical Sonora; sino que deja un referente de un personaje que no ocupaba darse publicidad para que la gente le demostrara su afecto y admiración.

Llegando a ser tan querido y admirado, por solamente hacer lo que él más disfrutaba.

¡Su música!

Tengo entendido que a pesar de tocar varios instrumentos musicales, Don Rodolfo era un experto y muy sobresaliente trompetista.

Aunque les confieso que durante mi infancia lo disfruté enormemente en el Estadio Héctor Espino, cuando tocaba un órgano que estaba instalado en la cabina central.

Lo que ahora se ha convertido en una consola de muchos botones que programa música y efectos especiales grabados (acorde al ambiente y al desarrollo del juego).

Una nota musical que me tocó escuchar de niño en los años 70’s y que me encantaba de Don Rodolfo, era cuando le tocaba el “Corrido de Chihuahua” a Don Héctor Espino, cada vez que nuestro ídolo se disponía a batear.

Eso jamás, pero nunca jamás, lo voy a olvidar; pues se me afiguara que fue ayer.

Porque esas tonadas, eran como un estímulo para que Don Héctor siguiera destacando con el bateo; al grado que nadie ha sido, ni será mejor que él.

Siempre he pensado que figuras sobresalientes como “El Chino” Medina o el propio Héctor Espino, jamás ocuparon publicitarse para ser tan queridos.

Ellos solamente hicieron bien lo que más quisieron en la vida, se portaron bien con la gente, amaron a su familia y por eso siempre serán recordados como unas verdaderas leyendas.

Por eso seguirán vivos en nuestros recuerdos.

Nuestra solidaridad y un abrazo para toda su familia, para sus compañeros de la orquesta, amigos y sociedad hermosillense.

¡Música, Maestro!