El deseo de Max.

2020-06-26 | Jesús Villegas Gastélum | Columna
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Corte De Caja

Jesus Villegas Gastélum

Max cumple 5 años y tiene el corazón roto ante la enésima promesa incumplida de su padre quien había jurado acompañarlo en su fiesta de cumpleaños, por ello al momento de soplar las velitas de su pastel pide como único deseo que su papá nunca más pueda mentir, deseo que milagrosamente se vuelve realidad y que trastornará la vida de su padre, un abogado acostumbrado a mentir compulsivamente para salir avante en cualquier situación.

Es la trama de “Liar Liar” (Mentiroso Mentiroso), exitosa cinta dirigida por Tom Shadyac y protagonizada por Jim Carrey quien por el papel de Fletcher Reede, padre de Max, fue nominado en 1997 al Globo de Oro como mejor actor de comedia, género cinematográfico que a pesar de su fama de ligero y superficial en ocasiones si aborda mensajes de fondo importantes, como el caso de este filme donde de manera divertida nos hace reflexionar sobre las consecuencias de incumplir uno de los preceptos morales universales más importantes: decir siempre la verdad o no mentir, exactamente el precepto que junto al de no robar y no traicionar conforman la triada estructural del discurso del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

“Prometo no mentir, no robar y no traicionar al pueblo mexicano” fue la frase más aplaudida a López Obrador en julio de 2018 tras su avasallante triunfo electoral con más de 30 millones de votos, así como también durante su toma de posesión, ante lo cual esta triada discursiva se ha vuelto recurrente, como apenas el pasado 4 de junio donde ante duras críticas sobre como previene el no contagiarse y la manera como su gobierno enfrenta la pandemia, señaló con ironía que “no mentir, no robar, no traicionar ayudan mucho a que no dé el coronavirus”.

Etimológicamente la palabra mentir nos remite al verbo mentïri en latín, cuya raíz “men” nos evoca la mente, siendo así la mentira una construcción mental de una falsa realidad, acción condenable bajo los cánones morales de la mayoría de las personas e incluso considerada pecado grave desde la perspectiva religiosa, aunque desde la perspectiva filosófica hay varios enfoques, como Aristóteles que consideraba vital la preservación de la verdad, mientras Platón en La República consideraba que la mentira puede ser útil en la política para preservar el control y la justicia del estado en manos de los gobernantes.

Por lo anterior, aunque parece existir un amplio consenso sobre la inmoralidad del mentir, desafortunadamente en la vida diaria existe una doble moral al respecto cuando hablamos precisamente del mundo de la política, ciencia social que a través del tiempo se ha posicionado precisamente en el imaginario colectivo como la antítesis de la verdad ante innumerables actores políticos que han hecho de la mentira un modus vivendi.

La historia nos permite corroborar interminables casos de mentiras en la clase política, sin embargo la actual democratización del acceso a los medios de comunicación digital permite ponderar ya en tiempo real cuando un personaje público miente o hace un manejo parcial de la verdad, ya que al no depender más de una versión acotada en TV o medios impresos el escrutinio digital se vuelve implacable, lo que provoca que el desafío actual consista en corroborar una verdad o mentira en fuentes fidedignas de información y desechar así las fake news.

A Peña Nieto y al actual presidente les tocó vivir de lleno esta etapa de marcaje digital donde en tiempo real se pondera y debate cada acción, por ello la triada discursiva del Presidente López Obrador se encuentra permanentemente bajo la lupa de sus críticos reales e imaginarios para buscar divergencias, por ello no sorprendió el alud de críticas cuando inesperadamente recicló el tema del “culiacanazo” y contradijo su declaración original, provocando crujidos como los del temblor del martes en el pilar fundamental de su triada.

Los defensores orgánicos del Presidente esgrimen que no es el primer presidente que miente o hace un manejo parcial de la verdad, un argumento incuestionable, aunque claramente los anteriores presidentes se exponían mucho menos a ser evidenciados al seguir el manual operativo priista editado en 1929 que sugería no hablar ni contestar sobre temas que pudieran sembrar dudas sobre la palabra presidencial, manual que tiró a la basura el actual Presidente que saborea los micrófonos cada mañana y que esquiva muy pocos temas, algo aplaudido por muchos pero que en su círculo cercano consideran de alto riesgo precisamente por situaciones como esta.

El tiempo dirá si la aparente mentira presidencial sobre el “culiacanazo” tendrá eventualmente consecuencias en la percepción ciudadana y desde el punto jurídico, o si nuevamente solo será un prietito (palabra censurada por Conapred) en el arroz de la 4T, donde cada día con más intensidad la triada presidencial estará presionada por la única oposición real que tiene el Presidente hoy en día: la realidad.

Para buena fortuna del Presidente López Obrador el pasado 23 de abril su hijo más pequeño evidentemente no pidió un deseo como el de Max al apagar las velitas. Sin duda varios cruzarán los dedos el próximo año.

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