Un año en Palacio Nacional (II)… Años llenos de resentimiento

2019-11-26 | Francisco Javier Ruíz Quirrin | Columna Primera Mano
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De Primera Mano

Por Francisco Javier Ruiz Quirrín

LOS GRUPOS radicales más extremistas en México, tienen ante el gobierno del Presidente López Obrador la extraordinaria oportunidad de lucirse como tales.

Pueden tomar las calles, tomar los inmuebles históricos. Pueden destruir la ciudad y la autoridad competente los dejarán hacerlo.

Por un momento, se viene a la cabeza el recuerdo de la barbarie provocada por las huestes de Miguel Hidalgo y Costilla, una vez lanzadas a la calle con la bandera de lograr un gobierno que, aunque dependiera de la corona española, lo determinaran los nuevos ciudadanos de la Nueva España.

Ese era su concepto de la independencia de la opresión española. Por eso Hidalgo permitió que su gente arrasara con todo a su paso. Había casi 300 años acumulados de esclavismo e injusticias, sobre todo en contra de los indios y mestizos.

Un punto culminante del avance de Hidalgo y su gente fue el secuestro de pueblo y gobernantes de Guanajuato en la llamada “Alhóndiga de Granaditas”, un viejo granero construido en el año 1800. Incluído el intendente, Juan Antonio Riaño –que había mantenido una amistad con el cura de Dolores- todos fueron asesinados dentro de esa fortaleza.

… Eran muchos años de resentimiento acumulado.

En nuestros días en México, es muy probable que el origen de la actitud cotidiana del Presidente López Obrador y sus mensajes cargados de odio y división de distintos sectores, sea precisamente, el que acumuló mucho resentimiento en contra de sus enemigos, entre ellos algunos ricos y políticos de la vieja escuela del PRI, amén de los “conservadores e hipócritas del PAN”.

Por ello, podemos observar ahora a manifestantes con el rostro cubierto, destruyendo la ciudad de México y atreviéndose a llevar a cabo todo tipo de desmanes, sin ser tocados por autoridad alguna.

Bajo la premisa de que “jamás permitiré que el pueblo sea reprimido” porque eso “ya quedó en el pasado”, el titular del Poder Ejecutivo prefiere que se cuestione y vulnere la Ley a cumplir con su juramento de cumplir y hacer cumplir con la Constitución y las leyes que de ella emanen.

Así, vemos cómo los delincuentes agreden y se burlan del ejército mexicano. Así observamos los daños que delincuentes provocan en monumentos históricos de la ciudad de México. Otro día, vemos la triste imagen de un connacional, quemando en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, a nuestro Lábaro Patrio.

Así también, ayer por la tarde pudimos mirar a decenas de manifestantes “feministas” destruyendo todo a su paso en Paseo de Reforma y Juárez, bajo el pretexto de conmemorar el Día Internacional de la violencia contra las mujeres. Toda una ironía.

Es por esto, que a unos cuantos días de que Andrés Manuel López Obrador cumpla su primer año en Palacio Nacional, vea con beneplácito que sus seguidores (porque ellos admiten haber sido inspirados por AMLO en aquellos años de la oposición al PRI y al PAN) puedan hacer lo que él intentó y frustró en muchas ocasiones.

Son muchos años de resentimiento acumulado. Llegó la hora de liberarlo.

POR SI algún incrédulo se niega a admitir la convicción de AMLO por la izquierda radical, sus íconos y el camino que construye a pasos agigantados rumbo a una dictadura peor que la del PRI en sus mejores días, sólo basta con observar la exhumación de los restos de los líderes del marxismo-leninismo, nuestros “comunistas de huarache”, aquellos que soñaban con el “paraíso ruso de los trabajadores implantado en nuestro país” –Valentín Campa y Arnoldo Martínez Verdugo- para ser trasladados y finalmente sepultados en el Panteón de las personas ilustres de la ciudad de México… Y suponiendo que la memoria de esos señores entre en el marco del merecimiento, ¿Por qué no pensar en otros mexicanos ilustres, de la derecha, o bien, los mártires de la religión “Católica”?... Evidentemente, la mentalidad de don Andrés desconoce la democracia y la pluralidad… A como van las cosas, dentro de poco tiempo mandarán a un museo la estatua de Cristóbal Colón, en Reforma, para instalar en el mismo lugar la figura de Fidel Castro, Hugo Chávez, o la de Evo Morales… Y dígalo que se lo dijo un loco.