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El agujero de la capa de ozono sigue cerrándose, pero cualquier paso en falso puede estropearlo todo

2018-11-06 | Tomado de internet | Sección:

Los últimos informes apuntan a que para 2060 podría haberse cerrado completamente el agujero de la capa de ozono. 

Hipertextual.com

Azucena Martín

Los últimos informes apuntan a que para 2060 podría haberse cerrado completamente el agujero de la capa de ozono. Sin embargo, para conseguirlo es importante seguir reduciendo las emisiones de las sustancias que la degradan.

El agujero de la capa de ozono sigue cerrándose, pero cualquier paso en falso puede estropearlo todo

La capa de ozono se regenera. No es algo nuevo, pues varios informes en los últimos años lo han asegurado. Sin embargo, seguir escuchándolo no deja de ser una buena noticia. Los últimos en asegurarlo han sido los responsables de la más reciente Evaluación Científica sobre el Agotamiento del Ozono, de las Naciones Unidas. Concretamente, se asegura que las medidas tomadas durante el Protocolo de Montreal están funcionando, por lo que se ha generado la disminución a largo plazo de la abundancia atmosférica de sustancias agotadoras del ozono.

Además, establece que si todo sigue avanzando a este ritmo, el agujero podría regenerarse completamente para 2030 en el hemisferio norte, para 2050 en el sur y para 2060 en los polos. ¿Pero significa esto que debemos relajarnos? Lógicamente, no.

Una carrera de más de cuatro décadas

El químico mexicano Mario Molina y su colega estadounidense Sherwood Rowland recibieron el premio Nobel por descubrir los efectos perjudiciales de los clorofluorocarbonos

En 1974, el químico mexicano Mario Molina y el estadounidense Sherwood Rowland publicaban en Nature un estudio en el que exponían al mundo como un tipo de compuestos derivados de la actividad industrial, denominados clorofluorocarbonos (CFC), estaban degradando la capa de ozono y que la desaparición de la misma podría dar lugar a consecuencias muy peligrosas si no se solucionaba a tiempo. Aunque en un principio sus conclusiones fueron criticadas y calificadas como alarmistas entre algunos compañeros de profesión, con el tiempo la realidad se abrió camino por sí misma y el agujero fue descubierto en 1985, demostrando que todo lo que exponían en aquel artículo era verdad. Finalmente, ambos científicos fueron galardonados con el premio Nobel en 1995 por el descubrimiento de un problema que aún seguimos arrastrando más de 20 años después.

Tanto los hallazgos de Molina y Rowland como los de otros científicos que llegaron más tarde llevaron a que en 1987 se firmara el Protocolo de Montreal, en el que los países firmantes se comprometían a reducir los niveles de las conocidas como sustancias agotadoras de la capa de ozono (SACO). Para ello, aceptaban reducir sus niveles de consumo y producción de clorofluorocarbonos (CFC) según el nivel de desarrollo de sus economías. Desde entonces se han realizado varias revisiones del acuerdo, en las que también se ha analizado la evolución de la capa de ozono con base en las iniciativas tomadas por los gobiernos de las naciones participantes.

Fue necesaria una década completa para que la capa de ozono dejara de diluirse, según un informe emitido por la NASA. Finalmente, después de un periodo estacionario, en 2006, la agencia espacial norteamericana anunciaba que el agujero no sólo había dejado de crecer, sino que había comenzado a regenerarse. En ese momento los investigadores atribuían esta mejora a las medidas tomadas por el Protocolo de Montreal y apuntaban a que para 2050 podríamos retroceder hasta el estado en el que se encontraba esta capa protectora en 1980, poco después de la publicación del estudio de Molina y Rowland.

Una década más tarde, un nuevo estudio, esta vez publicado por investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, demostraba que el agujero situado sobre la Antártida, que en el año 2000 presentaba un tamaño máximo de 20 millones de kilómetros cuadrados, había logrado cerrarse hasta situarse en la mitad de su tamaño. Sin duda, uno de los factores clave para estos datos tan alentadores fue la prohibición en 2011 del CFC-11, utilizado para hacer aislantes a base de espuma de uretano.

Sin embargo, todo este cúmulo de buenas noticias se vio enturbiado en mayo de este mismo año, después de que la emisión de algún gas contaminante ralentizara la regeneración de la capa de ozono. Meses más tarde, se descubrió que el culpable era precisamente el CFC-11, que estaba siendo utilizado por varias empresas de construcción chinas, aun a sabiendas de que era ilegal. Según los investigadores encargados del caso, esta irregularidad podría retrasar la sutura completa del agujero hasta una década. El país asiático ya ha sido reprimido por ello y se ha alentado a su gobierno a tomar medidas al respecto.

De acuerdo con este último informe, parece ser que todo vuelve a la “normalidad” y que, a buen ritmo, en unas décadas podríamos decir adiós a ese peligroso agujero que, incluso sin verse, nos priva de una de las mejores estrategias naturales de protección de nuestro planeta. Eso sí, cualquier tropiezo como el de China podría dar al traste con todos estos años de avances. Más vale no olvidarlo.

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