¿El mal menor?

2019-01-11 | Arturo Soto Munguía | Columna
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Arturo Soto Munguia

No quiero sonar aguafiestas, pero a como pintan las cosas en el tema del combate al huachicoleo, se ve más cercana la posibilidad de que los problemas de abasto se extiendan a otros estados, que la solución de los mismos.

El asunto no es sencillo ni tendría por qué serlo. Desmontar un negocio criminal que genera más de 60 mil millones de pesos al año aparece como una tarea titánica, por la cantidad de personas que, organizada o desorganizadamente participan de esa ilícita actividad.

Los huachicoleros no actúan solos. En el lucrativo negocio participan funcionarios públicos de los tres niveles de gobierno, mandos militares y policiacos, empresarios expendedores de combustibles, transportistas y entre otros más, ciudadanos más comunes y corrientes que, como suele suceder están enterados de la ilícita actividad pero la solapan si eso les representa algún beneficio económico. El pueblo bueno, que en determinadas circunstancias resulta no ser tan bueno.

Quizás a eso se refería el presidente Andrés Manuel López Obrador cuando declaró hace un par de semanas, que la corrupción en el país adquirió tal dimensión que si se procesara y encarcelara a quienes participan de ella, no alcanzarían los juzgados ni las cárceles de México.

Siendo correcta en su intención (aunque desastrosa en su implementación), la embestida contra esos saqueadores de los recursos de la nación, metió al gobierno federal en un laberinto cuya salida se observa más difícil de encontrar cada día, por la cantidad de intereses que están en juego, la inconformidad de millones de mexicanos que están siendo afectados en sus actividades cotidianas y las enormes pérdidas que registran las empresas de todo giro que tienen en los carburantes uno de sus principales insumos.

Poco o nada ayuda mantener la línea de confrontación que desde el gobierno y sus adláteres, descalifica a quien justificadamente protesta por el desabasto (ya se están suscitando los primeros episodios de violencia entre automovilistas en las filas para cargar gasolina), o se atreve a matizar una opinión que desapruebe aunque sea tangencialmente esta lanzada del presidente que, obviamente está tocando grandes intereses mafiosos, pero mal hacen en meter hasta a los usuarios comunes en ese mismo costal.

En la euforia por el triunfo electoral de julio quizás algunos morenistas no lo adviertan, pero la eficiente propaganda que como oposición hizo añicos la presidencia y el gobierno de Enrique Peña Nieto, está sublimándose hasta superar lo que tanto criticaron, y parecerse, mimetizarse en los recursos del fascismo con el que suelen anatematizar a sus detractores, al mejor estilo del ladrón que grita “¡Al ladrón, al ladrón!”.

El gráfico que hizo circular la Secretaría de Relaciones Exteriores a cargo de Marcelo Ebrard en su cuenta oficial de Twitter, no tiene desperdicio.

Al lado del logo del gobierno de México, aparece la leyenda: “Apoyemos al presidente. No más huachicoleo, no más corrupción. Se trata de una molestia momentánea para un beneficio permanente”.

Y bajo el nombre de Andrés Manuel López Obrador, todo en un diseño que recuerda la propaganda de la Europa comunista de principios del siglo pasado, la figura de Lázaro Cárdenas del Río en un traje de corte militar.

Para algunos serán nimiedades. Para otros va más allá de eso. Linda con el exacerbado culto a la personalidad propio de los regímenes totalitarios. Y el asunto interesante es que todo se justifica bajo la premisa de que eso es mejor que el PRIAN.

Pero en el día a día, sin una fecha estimada para restablecer el abasto en aquellos estados más afectados, parece más probable que otras entidades comiencen a sufrir los estragos del desabasto.

En Sonora, por ejemplo, donde no se han registrado mayores problemas, ya cerraron un par de ductos y, aunque de acuerdo con el secretario de Economía Jorge Vidal Ahumada, hay reservas para unos 20 días y la ventaja de la cercana vecindad con la frontera norte, si el asunto no se resuelve en ese plazo, las cosas podrían comenzar a complicarse.

López Obrador no es un hombre que se eche para atrás, y difícilmente lo hará en este caso. El problema es que mantener el carísimo e insuficiente abasto en pipas prolongará el conflicto y si bien estaría dando un durísimo golpe a la delincuencia organizada que lucraba con este ilícito, también se estará llevando entre las patas a millones de mexicanos que comienzan a reaccionar de mala forma al sentirse tocados en su vida diaria.

Y eso, en tiempos de caducidad cada vez más breve del bono democrático, al que menos le conviene es al gobierno federal y quienes se frotan las manos para que eso suceda, son precisamente los involucrados en el criminal negocio del huachicoleo.

Qué dilema, entre la inmovilidad institucional y el principio del mal menor. Y qué arriesgado.

II

Pero como no todo es drama, la gobernadora Claudia Pavlovich anduvo por Ures y Moctezuma, donde entregó becas, obras de infraestructura, apoyos emergentes del Fonden contra los estragos de las heladas que afectaron a más de 68 mil personas en 38 municipios.

En Moctezuma, entregó las obras de modernización del hospital que atenderá en instalaciones dignas y con personal altamente calificado, a los pobladores de los municipios serranos, cuyos alcaldes estuvieron presentes en el evento y recorrido por las instalaciones.

En este Hospital Comunitario de Moctezuma, se invirtieron 10 millones de pesos en la construcción del área de ginecología, sala de expulsión, quirófano, área de recién nacidos, área de recuperación, pediatría, terminación del área de urgencias así como la rehabilitación de área de encamados, enfermería y seguro popular, laboratorio, baños, rampa para acceso de ambulancia, construcción de escalera de emergencia, entre otros.

III

Otra que no quita el dedo del renglón en un tema de vital importancia para la salud pública y a la vez para la seguridad, es la doctora María Isabel Batriz, titular del área de seguridad ciudadana y prevención del delito en el Ayuntamiento de Hermosillo.

Desde el inicio de la administración, la doctora ha puesto su experiencia en la prevención y el combate a las adicciones, en el proyecto para construir una clínica donde se atiendan estos casos que asuelan la capital del estado. Las cifras son aterradoras. En una sola colonia de Hermosillo, se detectó que en ocho de cada diez casas había al menos una persona con problemas de adicciones.

Como se sabe, estos casos tienen una relación directa con otros problemas como son los robos y la violencia intrafamiliar, al menos.

La doctora Batriz ya se ha reunido con dirigentes de cámaras empresariales para coordinar esfuerzos en programas orientados a reducir los índices en estos delicados temas.

Recientemente, se reunió con personal de la Secretaría de Educación y Cultura, con quienes trabaja en los detalles de un programa para la prevención de adicciones y delitos en escuelas primarias. Sí: en escuelas primarias, algo que ilustra por sí solo la gravedad de estos flagelos. Bien ahí.

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