Sin sartén y sin mango

2018-08-10 | Guillermo Frescas | Columna
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Guillermo Frescas / Punto de Enfoque

No puede uno evitar preguntarse por qué de última hora los diputados de la LXI Legislatura se metieron en un embrollo cataclísmico del tamaño de Sonora para sacar adelante una serie de reformas constitucionales, unas buenas, otras más o menos y otras francamente ladeadas, como la proverbial carga. Ya el diputado Faly Buelna respondió con otra pregunta: ¿y… por qué no?

A mi se me ocurre que entraron en la dinámica de sacar las mentadas reformas al cuarto para las 12 porque cuando tenían tiempo, durante los casi tres años previos, no tenían la urgencia, porque no esperaban, ni siquiera de lejos se imaginaban, la sacudida electoral del pasado 1 de julio que a todos cimbró.

Es típico del mexicano patear el bote pa’delante, lo llevamos en los genes, bueno, en la idiosincrasia, es un rasgo negativo de nuestra forma de ser: posponer lo que sabemos que es importante y necesario hacer hasta el último momento, hasta el momento que se convierte en urgente.

Como quien dice, la cuarta transformación los agarró con los dedos detrás de la puerta y no tuvieron más remedio que plegarse a las exigencias del instinto de supervivencia de status quo, además de que tuvieron incentivos adecuados, que doblegaron (sin mucho esfuerzo, por cierto) a los más idealistas y valientes combatientes de la democracia en nuestro honorable Congreso.

Ciertamente los legisladores están en su derecho de ejercer las facultades que el pueblo les confirió cuando los eligió en los comicios del 2015; argumentar en contra es necio y revela ignorancia y desprecio por la misma democracia que se dice defender o representar. No sólo su gusto es, más aún es su deber legislar en beneficio de la sociedad. Eso no lo podemos cuestionar, en buena lógica.

Lo que choca al sentido común, aun del más neófito en la materia, es la premura y ante todo el sospechosismo de prácticamente sitiar el Congreso usando vallas, con gran cantidad de elementos policiacos, cientos, como si la ciudad y el estado fueran un edén donde reina la seguridad y la paz y no hicieran falta en otras partes; usando además a un grupo de simpatizantes que desde un día antes se plantaron al interior del recinto legislativo, para evitar a toda costa que cualquiera que no fueran ellos mismo pudiera acceder al recinto legislativo.

Si las reformas son tan buenas, reflexionaba bien la diputada Lina Acosta, por qué no se abrieron a los foros para su discusión, por qué no se aplicó el modelo de parlamento abierto; por qué, digo yo, no se tuvo la sensibilidad de invitar a los dirigentes de los tres partidos que tendrán la mayoría absoluta en la próxima Legislatura para mostrarles las ventajas y beneficios de las reformas, por qué…

Como digo, hay algunos cambios buenos, como la eliminación del fuero, o la mejora regulatoria, pero da la casualidad que ambas medidas sí fueron sometidas a foros de consulta y estuvieron abiertas a los expertos.

Fuera de esos dos cambios, los demás aprobados surgieron de última hora. Se plantearon por primera vez en una sesión realizada en Santa Ana, lejos de los ojos y oídos indiscretos de los reporteros y periodistas metiches que siempre estamos al pendiente de lo que viene y va, para evitar desasosiegos como los que ocasionó la diputada Flor Ayala cuando soltó la especie de que en las reformas constitucionales se incluía el veto en favor del Ejecutivo, mismo que en la redacción final fue eliminado, al menos nominalmente, pero conservado en el espíritu de la reforma correspondiente, con sus asegunes.

Como digo, legislar es su derecho y nada hay que reprochar en el acto mismo que les es debido. En este caso les falló el timing, por un lado y por otro, desde mi punto de enfoque, les faltó visión para negociar, no con las fuerzas que ya tenía amarradas al interior del Congreso, sino con las fuerzas reales que les guste o no los habrá de suceder en el ejercicio de ese Poder. Lo que podía haber sido una transición tersa, fue violentada hacia una relación tensa que a la larga puede pasar factura para Sonora.

Además, quienes se empeñaron en darle más poder al Ejecutivo están pensando sólo en los tres años que tienen por delante, sin tener la visión de que ese Poder también puede cambiar de manos. Me parece que cometen de nuevo el mismo error, de no prevenir, por sentirse que con esas medidas tendrán el sartén por el mango, cuando podrían quedarse sin el mango y sin el sartén. No lo deseo, pero el 1 de julio pasado me enseñó que puede pasar.