¿Empezó a cavar su tumba política  el Pato?

2017-12-05 | Feliciano J. Espriella | Columna
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OLOR A DINERO

Por: Feliciano J. Espriella

A la presidencia municipal de Hermosillo han llegado dos tipos de personas: los que la buscaron como su fin último y primordial proyecto político y los que la vieron como un peldaño más de su carrera. La gran mayoría, de uno u otro grupo, no han llegado más allá.

Para los primeros fue una consecuencia natural y esperada pues cumplimentaba sus aspiraciones políticas. De allí en adelante lo que les cayera era bueno. Tanto si les caía como si no, alcanzaron su sueño.

Para los segundos, ha sido si no una jetatura, sí una consecuencia de perder buena parte de su capital político en el ejercicio de su mandato, que les obstaculizó seguir escalando a mayores alturas en el contexto político estatal y nacional. Muchos han seguido en la brega buscando infructuosamente volar más alto. De hecho algunos posteriormente sufrieron fuertes descalabros en las urnas.

Los siguientes son los diez presidentes municipales (electos) anteriores al actual Manuel Ignacio Acosta “El Maloro”:

Héctor Guillermo Balderrama, Carlos Robles Loustaunau, Guatimoc Yberri, Gastón González Guerra; Jorge Valencia Juillerat, Francisco Búrquez Valenzuela, María Dolores Del Río, Ernesto Gándara Camou, Javier Gándara Magaña, Alejandro López Caballero.

De ellos, a pesar de que algunos continuaron un tiempo y otros aún siguen en la actividad política, el único que ha despuntado fuertemente en su carrera política, ha sido Ernesto “El Borrego” Gándara. Sólo que él ya había tejido con anterioridad una importante y sólida estructura en el contexto político nacional.

Si echamos una breve ojeada en la búsqueda de gobernadores que anteriormente hubieran sido presidentes municipales, encontraremos algunos, pero todos de fuera de Hermosillo.

Guillermo Padrés fue alcalde de Cananea, Samuel Ocaña de Navojoa y Faustino Félix de Cajeme. Por otra parte, varios de los ex alcaldes de Hermosillo han intentado infructuosamente alcanzar la gubernatura.

Héctor Guillermo Balderrama, Guatimoc Yberri, Francisco Búrquez, María Dolores Del Río, Ernesto Gándara, Javier Gándara y Alejandro López Caballero. Siete de los últimos diez lo intentaron pero quedaron en el camino.

Creo entonces no estar muy errado si afirmo que la alcaldía de Hermosillo ha sido la tumba política de quienes la han ejercido.

¿Está dando un salto al vacío Ernesto de Lucas?

A pocas semanas de que las candidaturas a alcaldes se decidan, revelen, otorguen o como quieran nombrar al democrático dedazo que veremos, la mayoría de los analistas políticos consideran que el más seguro candidato del PRI por Hermosillo será el actual secretario de Educación y Cultura.

Ernesto de Lucas Hopkins, joven político priísta es considerado por propios y me parece que también por extraños, un candidato fuerte en campaña del que se presume tendrá alto impacto en las urnas.

Su carrera política aunque breve ha sido exitosa y en constante ascenso. Tiene talento, empuje, tamaños y ambición como para seguir creciendo y fuerte, no sólo en el contexto regional, sino también a nivel nacional.

Su buen desempeño al frente de la secretaría más grande y tal vez más importante y difícil de la administración pública estatal, le abonan a su capital político. En pocas palabras, va para arriba.

En ese contexto, me parece arriesgado buscar la presidencia municipal de Hermosillo, ciudad cuya conducción no es precisamente una perita en dulce.

Hermosillo, un hueso muy duro de roer

Conducir los destinos de la capital sonorense es de una complejidad que sólo la entienden quienes han llegado a la alcaldía.

Problemas urbanísticos enormes, pésimas condiciones de la mayor parte de calles y avenidas a las que el presidente municipal en turno sólo alcanza a darle una maquilladita, y sobre todo, el aumento constante de la delincuencia que desde hace décadas no ha podido ni siquiera ser paliado.

Tres temas que a lo largo de su trienio se convierten en pesadilla para el alcalde en turno y que para el próximo no tienen por qué reducirse y mucho menos abatirse.

¿Qué primer año de gobierno le podría esperar al Pato si por ejemplo a Tlaloc se le antojara ensañarse con Hermosillo y nos regalara un año tan llovedor como el 2015? Y si no sucede cuando esté empezando, es muy probable que suceda durante su trienio.

Sin recursos, porque los presidentes municipales aunque su antecesor haya sido compañero de partido, encuentran a su llegada las arcas vacías ¿Cómo podría responder a los reclamos de una población, que en su gran mayoría le estaría exigiendo resultados?

Tendrá que responder también a una de las promesas de campaña que seguramente hará en relación a la inseguridad pública que lleva décadas sin poderse controlar. A estas alturas del camino y con tan sólo nueve meses que le restan a la actual administración, no creo que vaya a haber grandes avances en el tema de seguridad pública en Hermosillo. Eso suponiendo que los hubiera, porque cabe la posibilidad de que sigan los retrocesos.

Para enfrentar y resolver este flagelo de la sociedad hermosillense, ¿Qué tiene de especial Ernesto de Lucas que no tuvieron sus antecesores a quienes les fue creciendo paulatinamente el problema?

En fin, como decimos coloquialmente, si es una equivocación, “en su salud lo hallará”.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.